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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

El matonismo independentista se extiende por doquier en Cataluña

José Manuel Otero Lastres el

El diccionario de la RAE define el matonismo como la conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o por el terror. Pues bien, desde que Pedro Sánchez ha alcanzado la presidencia del Gobierno de España con los votos de los secesionistas catalanes se ha generalizado un matonismo independentista que trata de imponer su voluntad por la amenaza o el terror y con el sentido de impunidad de los que se sienten por encima de la ley.

Hay numerosos ejemplos de esta actitud que hasta ahora tenían la peculiaridad de que eran conductas imputables a los políticos catalanes que obedecían ciegamente las órdenes del patrón Pujol quien pretendía hostigar al Gobierno central para forzarlo a olvidarse del inmenso patrimonio que fue acumulando con las célebres mordidas del 3%.

Lo sorprendente es que el indicado matonismo se ha generalizado y hoy, vista la dejadez con la que el Estado central reacciona contra el independentismo catalanista, cualquier mindundi se atreve a denigrar a las autoridades e instituciones del Estado. Esto es lo que sucede en el garito con aspiraciones gastronómicas la “Nova Font Blanca”, radicado en Balaguer (Lérida), que tiene una carta tan paranoica como deleznable.

Así, en el menú del desayuno ofrecen “guardia civil a la brasa” y en el de la comida “manos de jueces y fiscales del Constitucional hechas a baja temperatura y acabadas a la brasa de carbón”. El intento de humillar a un cuerpo tan glorioso como la Guardia Civil y a unos profesionales de primerísimo nivel como son los magistrados y fiscales del Tribunal Constitucional no ofrece duda alguna. Otra cosa es que el despreciable autor de tales “platos” lo consiga.

Habrá quien piense que los citados platos que ofrece el restaurante leridano caen en el tipo del delito de incitación al odio. No puedo asegurarlo, porque mis conocimientos del derecho penal vigente son escasos y rudimentarios. En el caso de que lo fueran, sería difícil de entender que no haya habido ya una actuación de oficio por parte de la fiscalía para iniciar las correspondientes diligencias penales.

Y si no lo son, habrá que pensar que si la ley es igual para todos habría que celebrar que cualquier restaurante constitucionalista ofreciera “sediciosos catalanes encarcelados a la parrilla” o “caganets fugados de la  justicia española” o cualquier otro de este tipo.

En todo caso, lo relevante es que o ponemos límites a la desmesurada libertad de expresión o acabaremos volviendo a los tiempos medievales de la auto-tutela. Lo cual supondría admitir de alguna manera el comienzo del triunfo de los enemigos de España y que habríamos iniciado un peligroso e imparable camino hacia la conversión de España en un Estado fallido.

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