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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Ser una persona bondadosa

José Manuel Otero Lastres el

Hay palabras cuyo sentido es comprendido por todos, aunque desconozcamos su exacto significado gramatical. Cuando decimos de alguien que es una persona bondadosa estamos pensando que es una persona llena de bondad (1. adj. Lleno de bondad, de genio apacible, dice el Diccionario de la RAE). Lo que ocurre es que saber que es la bondad se presta a representaciones mentales menos precisas, por lo que conviene recordar la significación de esta palabra.

Según el indicado diccionario, por “bondad” se entiende, en lo que ahora interesa, 1. f. Cualidad de bueno (esto es, “de valor positivo, acorde con las cualidades que cabe atribuirle por su naturaleza o destino”). 2. f. Natural inclinación a hacer el bien. Y 4. f. Blandura y apacibilidad de genio”. Como puede apreciarse, son básicamente dos los rasgos que definen la bondad: la natural inclinación a hacer el bien y tener un genio apacible (esto es “manso, dulce y agradable en la condición y el trato” o “de buen temple, tranquilo, agradable”).

De todas estas acepciones, hay unas que parecen referirse al carácter: son todas aquellas que califican el genio de la persona bondadosa (blandura y apacibilidad, mansedumbre, dulce y agradable en la condición y el trato, de buen temple y tranquilo) y otra, que es la que me parece más ajustada, que es la que alude a la natural inclinación a hacer el bien.

Sin tener el más mínimo título para contradecir las opiniones de la RAE, tengo para mí que la bondad es más una inclinación del alma que un aspecto de nuestro carácter. Como ha escrito, Diego Guerrero Zambrano “la bondad es la disposición permanente a hacer el bien, de manera amable, generosa y firme. Las personas bondadosas sienten un gran respeto por sus semejantes y se preocupan por su bienestar. Si alguien no está en buena situación y necesita ayuda, el bondadoso no duda en ofrecérsela, y lo hace sin ofender, amorosamente y poniendo un gran interés en ello”. Añadiendo que “ser bueno, no quiere decir ser blando, sumiso, ingenuo o sin carácter, como a veces se cree. Al contrario, los buenos se distinguen por su fuerte personalidad, la cual se traduce en inagotables dosis de energía y optimismo, y se refleja en su cálida sonrisa y los sentimientos de confianza, cariño y respeto que infunden a su alrededor”.

No niego, en modo alguno, que en el lenguaje coloquial decir de alguien que es una persona bondadosa no sea entendido como una referencia a su carácter. Y tampoco discuto que existe en la ciudadanía una asimilación entre “bondad” y “blandura o apacibilidad”. Lo que quiero destacar es que la bondad tiene otro aspecto mucho más importante que alude a una cualidad del espíritu y no tanto a una característica del carácter. Ser bueno seguramente cuesta porque, como escribió Simone de Beauvoir “la naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida”. Y es que educar nuestro espíritu hasta que adquiera la disposición natural para hacer el bien es difícil cuando lo tentador es precisamente optar por el mal, que suele ser más mundano y divertido.

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