Los alimentos fermentados han formado parte de la alimentación de todas partes del mundo, hasta el punto de que en todas las culturas encontramos platos tradicionales basados en productos fermentados. Esto no es casualidad, ya que fermentar un alimento es una técnica de conservación.Â
El uso de alimentos fermentados no tiene lÃmites y por eso te animo a consumirlos tanto en crudo, como en guisos, sopas, o incluso como acompañamiento de carnes y pescados o como ingrediente principal de un plato.
Ya te he hablado en otras ocasiones de las cualidades nutricionales y de los beneficios que tienen para nuestra salud los alimentos fermentados, ya que son excelentes probiótico que ayudan a mantener la salud nuestra microbiota tan importante para nuestro sistema inmunitario. Por eso, integrarlos en nuestra alimentación puede ser muy interesante, sobre todo ahora que debemos proteger nuestro sistema inmunitario más que nunca porque como ya conocemos, existe una relación directa entre la salud de nuestra microbiota y la virulencia con la que actúa el COVID-19.
Además, la sencillez que tiene elaborar en casa los alimentos fermentados, hace que se conviertan en un imprescindible para aquellos a los que le guste cocinar. Con el beneficio de poder disfrutarlos además en cualquier época del año por su conservación.
El problema es que muchas veces los fermentados que conocemos son limitados y por eso hoy te traigo 5 alimentos fermentados de distintos paÃses que pueden ser una opción a la hora de incorporarlos a tu dieta.
Tempeh
Un fermento un poco más conocido es el tempeh. Este producto procede de la fermentación natural de la soja, aunque también se pueden utilizar otras leguminosas para realizarlo, como son las alubias o los guisantes.Â
Es una alimentos de origen indonesio, siendo muy popular en lugares como la Isla de Java.Â
El tempeh se forma a partir de la proliferación de un hongo Rhizopus oligosporus sobre estas leguminosas.Â
El resultado, un alimento rico en proteinas, siendo un sustitutivo de la carne perfecto para personas que siguen una dieta vegetariana o vegana.Â
Además, organolépticamente tiene una textura más firme y una potencia de sabor mayor, si es comparado con el tofu.
El lado negativo del tempeh es que es un producto que cuenta con una dificultad en su elaboración, ya que el hongo se debe mantener en una condiciones de temperatura y humedad determinadas, lo que dificultad su elaboración.
Smen
Sabemos que el nombre de este fermento es difÃcil de pronunciar pero eso es debido a su procedencia, ya que es un alimento originario del sur de Marruecos. En este caso es un lácteo, más concretamente una mantequilla.Â
Para realizar este fermentado se debe lavar la mantequilla con agua frÃa para facilitar la separación del suero.Â
Después, mezclamos esta mantequilla lavada con sal y la ponemos en un tarro, evitando la formación de burbujas de aire, cubrimos la superficie con un poco de papel de film y la dejamos en un sitio oscuro y seco durante al menos 6 meses. Aunque este tiempo puede parecer mucho, el resultado te sorprenderá.
¿Qué se obtiene después de este proceso? Pues una mantequilla que resulta muy aromática, que recuerda incluso al aroma del queso (incluso del Ghee), y que se puede utilizar tanto en tostadas o en platos cocinados como fuente de grasa.
Natto
Viajamos ahora hasta Japón para descubrir este popular alimento: el Natto.
Este es otro fermentado a partir de la soja, pero se obtienen resultados muy diferentes al tempeh.Â
En este caso, se seleccionan los granos más pequeños y que tienen una coloración blanca o amarilla y se fermenta con una bacteria conocida como «Bacillus natto».Â
Algunos estudios cientÃficos determinan que el consumo del natto podrÃa estar detrás de un potente agente anticoagulante.
Destacar que, a pesar de que el natto no es un fermentado con una elaboración demasiado compleja, su sabor no es demasiado agradable y el paladar europeo no está demasiado acostumbrado. Pero a pesar de lo que pudiera parecer este tipo de alimentos se suele consumir en el paÃs nipón en la hora del desayuno.
Kombucha
Y entramos en el terreno de las bebidas fermentadas por la puerta grande. La kombucha es una bebida fermentada de origen china realizada a base de té verde o té negro.Â
Esta fermentación del té se realiza por la acción sobre los azúcares de una simbiosis entre bacterias y levaduras. Éstas se encuentran agrupadas en algo parecido a un disco que va aumentando su tamaño a medida que crece dentro del té. Como todo fermento, hay que ir alimentándolo temporalmente adicionando más té y azúcar.
Este es uno de los fermentados más sencillos de utilizar y el resultado es una bebida ligeramente alcohólica y con un toque algo picante, que dependerá del tiempo que dejemos el té fermentado.
Desgraciadamente, este cultivo no aparece de forma espontánea, sino que debemos de comprar el disco, algo que no es fácil de encontrar, ya que es muy sensible a cambios de temperatura muy fuertes.
Hidromiel
La hidromiel es otra de las bebidas fermentadas más conocidas, en este caso, en la antigüedad. El consumo de hidromiel se remonta a la época de los romanos, aunque ellos no eran los principales consumidores de hidromiel, sino que era en los pueblos del norte de Europa donde encontramos más indicios del consumo de esta bebida. A pesar de ser una bebida fermentada, se realiza mediante una fermentación alcohólica, por lo que su consumo en exceso está desaconsejado. Realizar este fermento no tiene mucha dificultad y el resultado puede ser muy agradecido.Â
El ingrediente principal de esta bebida es la miel cruda, es decir debemos de conseguir miel que no esté pasteurizada, ya que la mayorÃa de levaduras se encontrarán en esta miel pero inactivadas, debido a una falta de medio acuoso.
Para empezar la fermentación de la hidromiel solo tendremos que introducir parte de esa miel en agua y disolverla, dejando fermentar la mezcla tres dÃas en contacto con el aire y después 1 semana en una atmósfera anaerobia.Â
Dependiendo del grado de azúcar que queramos que tenga nuestra hidromiel la dejaremos fermentar en una ambiente anaerobio durante al menos una semana.
Recuerda añadir alimentos probióticos en tu alimentación. Otras fuentes las puedes encontrar en el kéfir, las verduras encurtidas o los yogures.
CuÃdate mucho
Elisa Escorihuela Navarro
Nutricionista y Farmacéutica
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