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Blogs Sin cobertura por Jesús García Calero

Padre de la Constitución y presidente del Prado

Nada mejor que un artífice del marco de nuestra democracia para cuidar del único consenso en pie de la política española

Padre de la Constitución y presidente del Prado
29/05/2013. madrid. españa. Cason del buen Retiro. Comparecencia de Jose Pedro Perez-Llorca y Miguel Zugaza para hablar del proximo plan de actuacion del Museo del Prado. Foto: De san Bernardo. Archdc De san Bernardo
Jesús García Calero el

La figura de José Pedro Pérez Llorca al frente del Patronato del Museo del Prado ha posibilitado que en esta etapa final de su vida pública la pinacoteca haya podido mantener una estabilidad deseable en un país lleno de torbellinos políticos y sociales. Pocas veces nos damos cuenta de que el del Museo del Prado es el último consenso en pie entre nuestra clase política, probablemente la única institución que se mantiene al margen de cuantas tensiones atraviesan nuestra vida pública desde hace ya unos cuantos años.

El ministro de Cultura, el presidente del Patronato del Prado y el director del Museo

Precisamente, en octubre de 2012, ante la salida de Plácido Arango de la presidencia del Patronato del Museo del Prado después de una larga etapa que marcó la vida de la pinacoteca, cuando todo el mundo empezaba a hacer quinielas, se produjo un remolino alrededor de una decisión capital para nuestra primera institución cultural. Desde dentro del museo se intentó presionar para otro candidato, con una fuerza un poco excesiva que llevó incluso a que Pérez Llorca protagonizase filtraciones contrarias antes de resultar elegido. Tal vez un grupo trataba desde dentro del Prado de influir en el nombramiento más favorable para sus intereses pero desde luego pinchó en hueso y causó una honda indignación entre los miembros del Patronato. Puede que no fuera perfecto, pero supo calmar los ánimos, miró hacia delante y desde su llegada acabaron muchas estridencias. Ha sabido hacer buen equipo con el nuevo director Miguel Falomir, gestor y también científico al que sin duda tenerle como presidente le ha facilitado las cosas.

En la sala del Patronato del Prado

Fue entonces -y parece mucho más tiempo ya- el Gobierno de Mariano Rajoy tomó la decisión de poner al padre de la Constitución al frente del Prado, una decisión que posiblemente ha permitido que, sin quebrar la estabilidad de la institución, el Prado haya podido vadear algunos meandros de cierta enjundia, afrontar la última ampliación con el proyecto de Foster y regresar a una senda de consenso dentro y fuera. Para eso, Pérez Llorca, se las valía solo. Es sabido que las etapas de largos liderazgos suelen desembocar en desequilibrios y seguramente gracias a su buen hacer eso no ha ocurrido después de la salida de Arango y también de la de Miguel Zugaza, uno de los más significativos directores que ha tenido la pinacoteca.

Mantener ese estatus de trabajo, de institución en marcha, con sus problemas, por supuesto, pero reuniendo voluntades políticas y sociales, ha sido seguramente uno de los logros de su discreto pero buen trabajo. Conocedor como pocos de los resortes de la Administración del Estado, ha sabido pulsarlos aquí y allá, por ejemplo, en los momentos decisivos en que se deciden las partidas del presupuesto. En otras de las más importantes instituciones culturales sentían envidia -me consta- por tener un presidente tan sagaz y válido.

La pena es que vivamos aún en un momento político en el que ni la programación del gasto se vive con normalidad, y se prorrogan una y otra vez los presupuestos anteriores como si los ciudadanos no nos diésemos cuenta de que ello supone una impugnación de casi todas las maniobras políticas que rodean a nuestros líderes. ¿No es ese su trabajo?

Audiencia del Rey Don Juan Carlos al presidente del Patronato del Prado

Pérez Llorca ha sido un servidor público fundamental, en la política y gracias a su paso por el Prado también en la cultura. Conocía el valor potencial de este ámbito para limar muchas de las aristas partidarias que suceden entre nosotros, con una querencia visceral que esta vida sempiterna entre citas electorales, juicios por el procés y pactos de quita y pon no hacen muy fácil para el conjunto de los ciudadanos.

Ha sido un servidor público que ha servido a su país, desde todos esos ámbitos -lo cual hay unos cuantos que no pueden decirlo de sí mismos-, sin afán de protagonismo y con una seriedad sin tacha, a pesar de esa retranca gaditana que le asomaba entre dos frases serias y partía la mirada de su interlocutor.  Ha servido con fuerza también en los últimos meses para reivindicar en todos los ámbitos los cuarenta años de la Constitución que él contribuyó a redactar y que ha permitido nuestra convivencia desde entonces. A todos.

Bicentenario del Prado, cuarenta años de la Constitución. Ha estado en encrucijadas muy relevantes de nuestro presente y nuestro pasado. Su nombre está asociado a la buena marcha, a la ladera de las soluciones y no a la de los problemas que sacuden a nuestro país. No perdía el humor, ni la esperanza.

Como buen gaditano se va un miércoles de marzo, agotado ya el carnaval popular, recordándonos humildemente que todo acaba en el polvo y la ceniza, y dejándonos un buen ejemplo en el que pensar mientras continúa el carnaval político y el postureo al que no creo que haya dedicado mucho pensamiento mientras seguía trabajando.

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