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Blogs Un poco de silencio, por favor... por Israel Viana

Enric Montefusco: «Si Standstill siguiera en activo, habría hecho un disco muy parecido a “Diagonal”»

Tras 18 años en la carretera, siete discos, cuatro espectáculos con un «coste energético y económico importante», la creación de su propio sello, varias incursiones en el teatro y más de 500 conciertos con Standstill, el compositor catalán presenta este viernes su segundo disco en solitario en Madrid presenta en Madrid su segundo disco en solitario

Enric Montefusco: «Si Standstill siguiera en activo, habría hecho un disco muy parecido a “Diagonal”»
Enric Montefusco, en una imagen de 2019 / Silvia Poch
Israel Viana el

A Enric Montefusco (Barcelona, 1977) le sorprende que «los grupos duren tanto tiempo… y también que Standstill durara tanto». Tras casi veinte años en la carretera, siete discos, cuatro espectáculos con un «coste energético y económico importante», la creación de su propia discográfica, varias incursiones en el teatro y más de 500 conciertos, la banda barcelonesa anunciaba su separación en 2015. Justo cuando más público tenían y cuando se habían ganado la reputación de los medios independientes y menos independientes. «Fue una decisión coherente para un grupo que no ha sido el típico cuyas premisas fueran hacerse grande y tener mucha repercusión», reconocía el compositor a ABC en aquel momento.

«Diagonal», último disco de Enric Montefusco

Según Montefusco, Standstill «vivió una crisis en cada gira» desde 1997 y «dio un salto al vacío en cada disco», alejándose del hardcore para abrir nuevos territorios sonoros que transitaron por el rock, el pop e, incluso, la música popular en la que se volcó al comenzar su carrera en solitario. Por el camino dejó de chillar para empezar a cantar («Memories Collector»), abandonó el inglés y se pasó al español («Standstill»), obtuvo el reconocimiento con «Vivalaguerra» (disco nacional de la década para algunas publicaciones) y dio un paso adelante con «Adelante Bonaparte» al aparecer, a diferencia de los trabajos anteriores, como único responsable de la «dirección artística y de la composición musical y lírica».

–¿Cuál de todos los saltos te ha salido más caro emocional, artística o económicamente?

Creo que cuanto más la cagas, más aprendes. Las cosas que te hacen crecer, tienen un mayor sufrimiento detrás, pero también una mayor recompensa. En ese sentido, el coste energético y económico de hacer los espectáculos de Standstill fue importante y tuvo un precio en los años siguientes. Pero no me arrepiento, lo volvería hacer.

–¿Tan importante fue el precio económico?

Sí. Y fue una de las razones de la disolución de Standstill, asumir el problema económico de hacer espectáculos muy grandes en un marco que, seguramente, no estaba preparado. Supongo que en cualquier otro país habría ido diferente. Para España creo que ofrecíamos algo difícil de ubicar en marcos que, en el fondo, eran cerrados.

Tras la disolución de Standstill, Enric Montefusco apenas tardó un año en presentarse en solitario con «Meridiana» (Buena Suerte, 2016). Un disco aún más personal y mucho más cercano al folclore y a la canción de autor, al que le siguieron el epé «Coros de medianoche» –con la colaboración de Albert Pla, el Niño de Elche, Nacho Vegas, Maria Arnal y Los Hermanos Cubero– y el reciente «Diagonal» (El Segell/Buena Suerte, 2019), el disco que presenta este viernes 11 de octubre en Madrid: Independance Club, 21.00.

–Tras dos discos en solitario con un concepto parecido que hacen referencia a las dos calles más importantes de Barcelona, ¿toca ahora un cambio, asumir otro riesgo?

–Es la primera vez que he hecho dos discos consecutivos, con una estética similar y un lenguaje parecido que se guiñan el ojo. Y lo he hecho conscientemente, pero intuyo que ahora necesito un poco más de vértigo. Es algo que me a acompañado siempre: arriesgar y probar. Este último disco quizá sea el que menos he arriesgado formal y estilísticamente, puesto que me he centrado en comunicar, con un ejercicio de síntesis en las letras y con estructuras musicales menos complejas. No sé qué vendrá después.

–¿No prefieres seguir explotando esta vía abierta con «Meridiana» y «Diagonal», buscando una posición en la que estés más cómodo, tanto emocional como económicamente?

–Me temo que no. Ya estoy pensando cosas diferentes. «Diagonal» ha sido la consecuencia del momento personal y artístico que vivía, más interesado en investigar la música popular. Puede que estos dos discos en solitario y el epé no sean tan arriesgados, según la línea que estamos comentando, pero el viaje sigue. Estoy seguro que de esta experiencia habrá cosas que se quedarán para siempre, como se quedaron del hardcore…

–¿Qué se te quedó del hardcore?

–Cosas bastante abstractas pero muy importantes. Nucleares, diría yo. La lección más importante que me dejó el hardcore y el punk es el compromiso que va ligado a cualquier propuesta artística. Compromiso con unos valores, sean los que sean. Yo no estoy cómodo en esa inercia inconsciente con la que hace música mucha gente, como por defecto y al servicio de algo. Yo quiero controlar y dominar lo que hago y lo que comunico. Utilizar la música como herramienta para algo. No es solo música, hay valores detrás.

–Leí en «Mondosonoro» que durante la grabación del disco «Standstill» con Santi García, en 2004, fue un shock para ti descubrir a Lole y Manuel…

–No recuerdo el momento exacto, pero sí que fue un descubrimiento. Una de las primeras cosas de folclore más cercano que me llegó y con la que pude quitarme los prejuicios que podía tener en ese momento. Me acuerdo de la canción «Todo es de color» y a partir de ahí, toda su discografía.

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–¿Entraste mucho en el flamenco?

–En ese momento también descubrí a Camarón, Morente y todo el ejercicio de apertura que hicieron con la fusión. Me pareció muy interesante, pero no estaba preparado aún para esa música. Me pillaba demasiado lejos como para que fuera una influencia directa. Fue un ejemplo de cómo la música puede avanzar mezclando lo inmezclable, que es un poco lo que he hecho siempre. Eso me inspiró.

–¿Los pasos que diste desde el hardcore o el punk hasta la música popular fueron premeditados, con intención de llegar hasta aquí?

–No había nada premeditado, aunque yo, como director, creador o compositor de Standstill, tenía un camino. Y ese camino se fue haciendo. Evidentemente, me alejé de amigos a nivel personal, pero a nivel profesional, mi carrera en solitario la he vivido con mucha continuidad. Si Standstill siguiera en activo, habría hecho un disco muy parecido a «Diagonal». Es más, si no lo hubiera hecho, habría sido por estar demasiado condicionado por la formación que éramos, y eso es a lo que no teníamos que llegar: sentirnos aprisionados. De alguna manera, siempre me he sentido libre. Y en el momento en que todos sentimos que seguíamos por inercia, por no perder el nombre o lo que habíamos invertido en el grupo, fue el momento de dejarlo.

–En el tema de «La mirada de los mil metros», de «Vivalaguerra», hablabas precisamente de esto y ponías sobre la mesa los problemas internos de Standstill con frases como «necesito aire» y donde preguntabas si «seguimos o no». Ahora que tu objetivo en la música popular es ser más claro en las letras y que te entienda el máximo número de gente posible, ¿fue esta la primera vez que te sinceraste en una canción con seres queridos?

–No. En la etapa en inglés ya hablaba de estas cosas. En esa canción hablaba de las dificultades de preservar la pureza dentro de este mundo, que es un tema recurrente en muchas de mis canciones, con la dificultad de conjugar la profesionalidad con la amistad y todas las cosas que uno percibe cuando tiene un grupo con el que intenta salir adelante. Eso es de lo que más he hablado en mi carrera.

–Ahora, en los dos discos en solitario, tu vida privada es la materia principal de la que se nutren tus canciones. ¿Sientes que, incluso, te has desnudado más en «Diagonal» que en «Meridiana»?

–Creo que lo mismo, aunque es verdad que ahora soy más crudo y directo, con menos metáforas y letras menos ambiguas. Me he desecho de los artificios poéticos. En «Meridiana» creo que se entienden muchas cosas de mi vida, mientras que en «Diagonal» me atrevo a juzgar situaciones políticas y sociales, algo que no había hecho antes. Va un poco con mi manera de entender la profesión: la manera impúdica de desnudarme y decirle a quien no conoces lo que no eres capaz de decirle tus conocidos.

–Pues en «La mirada de los mil metros» les hablabas directamente a tus compañeros de banda. ¿Cuál fue su reacción al llegar al local con esa canción?

–Mmmm… bueno, es que no deja de ser un poco violento siempre en un grupo esa diferencia de roles más o menos consciente. Quiero decir… siempre hay un momento que es violento, porque, al fin y al cabo, estás poniendo todo su talento y sus habilidades al servicio de unas ideas que no tienen porque coincidir con las suyas. En ese sentido, a mí me sorprende que los grupos duren tanto tiempo… y también que Standstill durara tanto, porque muchas veces hay malentendidos. Pero lo cierto es que compartíamos todos los momentos de dificultad de los que hablaba «La mirada de los mil metros» y, en ese sentido, nunca fue tan violento como para que ellos no tuvieran también esa visión. Y, por supuesto, jamás hubo una mala reacción por lo que contaban esas canciones.

–¿Ahora que remas tú solo no tienes miedo al fracaso?

–Si me lo hubieras preguntado hace unos años, no sé qué te hubiera dicho. Sin embargo, a estas alturas, lo que me tenía que demostrar a mí mismo ya me lo he demostrado. Esa guerra siento que ya la he ganado. Ahora la batalla se centra en aprovechar esta posición privilegiada para poder decir lo que siento en libertad y que haya gente a la que le guste. Esa es la meta. Y si en lugar de mil seguidores son cien mil, mejor…. siempre que no se toque mi manera de hacer las cosas. El fracaso para mí sería tener que volver al banco donde trabajaba antes.

–¿Ves tu carrera a largo plazo?

–Sí, claro, pero tampoco tengo un plan. Tengo seguridad en mi intuición. Siempre que he hecho cambios y he arriesgado según mis intuiciones, ha salido bien y estoy contento por ello. Mi intuición me dijo que la banda ya no estaba viva, y di el paso. Y así, muchos otros cambios. Para mí el éxito es poder seguir haciendo cosas, no aspiro a hacer música popular que llegue a todo el mundo. Si eso ocurre, perfecto. Intento hablar con las personas, vengan de donde vengan y tengan la edad que sea. Y yo creo que lo voy a conseguir.

–Y para vivir de su música ahora, ¿le está resultando necesario «usar el machete», tal y como dijo en otra entrevista para ABC de 2012?

–Claro. En la música y en todos los sitios. Allí donde todo el mundo intenta vivir de algo es porque hay dinero. Y el dinero no se regala. Para acceder a circuitos y ámbitos donde intercambiar tu talento por dinero hay que defenderse. No hay que dejarse usar ni pisar. Hay todo tipo de conflictos, tanto con la banda como en solitario. Es lo mismo. Yo tengo una empresa, o llámalo como quieras, pero yo salgo ahí a vender lo que yo creo que vale la pena vender. Y eso es complicado. Lo difícil es preservar la pureza, porque cuando tu música se convierte en un producto, se desvirtúa.

–¿Le resulta más fácil vivir de ello ahora que no está en Standstill?

–Sinceramente, estoy en el mismo punto. Digamos que ahora no tengo una infraestructura tan grande ni tanta gente dependiendo del proyecto, pero no te diré que es más fácil por ello. Ahora estoy un poco más ligero y eso está bien, porque puedo reaccionar y hacer cambios ante cualquier problema.Y también soy más libre, pero sigue siendo complicado. Por eso eso me siento muy afortunado.

–Dijiste en otra ocasión que siempre has hecho lo que has querido y que eso te ha valido «tanto reconocimiento como incomprensión». ¿En qué decisión de tu carrera te sentiste más incomprendido?

–Yo creo que el peor momento fue con el primer disco de Standstill en castellano. Fue un momento duro, porque todavía estábamos en el ámbito del hardcore y no había muchos referentes que lo hicieran. Además, en esa escena no se valoraba la lírica ni nada que fuera más allá del estilo o del rollete que llevábamos todos. Ahí hubo una incomprensión fuerte y un momento de reubicación personal y de la banda importantes. Pensamos: «Como el arte debe ir por delante, igual no estamos en el sitio adecuado». Y justo por ese cambio, y por «Vivalaguerra», llegamos a un público de otros ámbitos.

–¿Es imposible sacar ahora con «Meridiana» y «Diagonal» la misma energía y rabia que había en «The Ionic Spell»?

–Con ese disco de 2001, la rabia y frustración que salían era inconscientes. Me sentía atraído por el grito y por la energía desbordante y rompedora del hardcore. Esa rabia con el tiempo la he asimilado y racionalizado, para encontrar nuevos canales con los que expresarla. En ese sentido creo que «Meridiana» tiene la misma rabia que «The Ionic Spell». Aunque cambien las formas, el lugar es muy similar.

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