ABC
| Registro
ABCABC de SevillaLa Voz de CádizABC
Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Ideas, convicciones, creencias y fanatismo en política

La falta de acción del Estado ante el hostigamiento de los fanáticos independentistas

José Manuel Otero Lastres el

Para lo que aquí interesa, basta con señalar que, según el Diccionario de la RAE, las ideas son tanto actos del entendimiento que se limitan al conocimiento de algo, como conceptos, opiniones o juicios formados sobre algo. Si las referimos a la política, las ideas políticas son los juicios que nos formamos cada uno de nosotros sobre la actividad de gobierno de los asuntos públicos y sus protagonistas. La parte de la ciudadanía, relativamente amplia, que no tiene demasiado interés por la gestión de los asuntos públicos agota todo su interés en un seguimiento lejano de la actividad política.

Si ascendemos en la escala de menor a mayor arraigo del interés por la política, después de las simples ideas aparecen las convicciones. Estamos ante personas ciertamente interesadas en la administración de los asuntos públicos, que llegan a tal coincidencia con algunas doctrinas políticas que se adhieren a ellas fuertemente. Por lo general, la convicción suele traspasar el ámbito de lo puramente ideológico y mueve a una inclinación, a veces simplemente incipiente, hacia la acción. Con esto se quiere decir que las convicciones son muchas veces el umbral que da paso a la acción política.

El tercer escalón es el de las creencias. Y se entra en él cuando las convicciones están tan asentadas que se convierten en pura doctrina política. Cuando se entra en el ámbito de las creencias surge una especie de doctrina que hay que creer, en ese estado de cosas crecen más los obedientes que los críticos y se empobrece notablemente el debate ideológico, porque no hay confrontación de ideas, sino defensas cerriles de la doctrina oficial que se expande con las consignas o dogmas que proclaman los dirigentes.

El último estadio llega cuando el apasionamiento y la tenacidad en la defensa de las creencias alcanzan tal nivel que se llega al fanatismo. Se cree con tal vehemencia en la “doctrina” del grupo que se expande un fuerte espíritu fanatizador que se está en completa disposición para extender la “causa” a modo de cruzada contra los “no creyentes”. Es cuando se ingresa en la que bien podría denominarse “secta política”.

Los dos últimas pasos, en los que hay “creyentes” y “fanáticos” predispuestos para la acción, no suelen darlos muchos ciudadanos. Desde luego, no los dan los ciudadanos reflexivos que se guían por el imperio de la razón. Y no me atrevo a afirmar tajantemente que vayan por la senda del fanatismo sectario los menos juiciosos, pero sí los más exaltados.

Viene a cuento lo que antecede porque estamos en plena campaña electoral. Vemos en los informativos los distintos actos que organizan los partidos políticos que contienden en esta convocatoria electoral. Pues bien, es un hecho que no admite discusión que en ciertos territorios de España abundan los fanáticos de ideas excluyentes que han dado el paso, tal vez sin retorno, de actuar como violente cruzados de la causa nacionalista hostigando hasta la violencia física a los que van a allí a defender sus creencias políticas.

Con todo, lo peor no es que haya esas “bandas” de fanáticos dedicados a la acción de asedio y acoso a los que no forman parte de la “secta”, sino que el Estado, en esos territorios, ha dejado de lado la misión de defender a la ciudadanía, a toda, incluidos los de creencias diferentes, que es en definitiva lo que justifica que todos le hayamos cedido en exclusiva la utilización de la fuerza.

Política
Si quieres ponerte en contacto conmigo:

Entradas más recientes