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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

La muleta del olvido ajeno

José Manuel Otero Lastres el

A los golpeados por el Alzheimer

El novelista inglés Samuel Butler escribió “Memoria y olvido son como la vida y la muerte. Vivir es recordar y recordar es vivir. Morir es olvidar y olvidar es morir”. Situados en la perspectiva “memoria-vida”, es evidente que una vida ha sido más intensa cuanto más llena está la memoria de recuerdos. Y si es verdad que somos en buena medida lo que recordamos, es porque lo vivido y no olvidado puede volver a pasar por nuestro corazón que eso es, en definitiva, la procedencia etimológica de la palabra recordar.

Si desde esta óptica nos trasladamos a la del “olvido-muerte”, también parece cierto que los olvidos irrecuperables no forman parte de nosotros. Porque lo que ya ha abandonado definitivamente nuestra memoria ha dejado de ser parte de nuestra vida y, en consecuencia, no puede volver a pasar por nuestro corazón.

Pero hay un enlace entre el olvido y la vida que es el amor: de todos los sentimientos el más reconfortante, el que nos hace sentir más vivos, es sin duda el del amor, porque puede perdurar incluso cuando se rompe la unión entre el cuerpo y el alma, como ocurre con ciertas enfermedades mentales, como el Alzheimer.

En el caso de las enfermedades mentales, aunque el enfermo ya no sea “mentalmente” lo que fue, no por eso se deja de quererlo. Es verdad que solo conservan el cuerpo, convertido en una especie de sepultura de su alma, pero también lo es que no por eso dejan de ser “nuestros seres queridos” aunque les quede muy poco o nada de lo que han sido.

Eso es lo que explica que los que tienen un ser amado con dicha enfermedad acaben convirtiéndose en las muletas de su olvido. Y es que la indescifrable esencia del amor demuestra que el estado mentalmente saludable del ser amado no es un elemento decisivo, porque puede seguir habiendo amor –y mucho- aunque lo que se quiera en tal caso sea más bien a un ser que no puede recordar lo vivido.

Por eso, si Butler decía que vivir es recordar y recordar vivir, me permito añadir que amar es la mejor manera de vivir y recordar, y que el verdadero amor de sus seres queridos es la muleta indispensable de los que viven aprisionados en la sepultura del olvido.

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