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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

El desconcierto ciudadano ante tanto referéndum

José Manuel Otero Lastres el

En su cuarta acepción gramatical, el verbo “desconcertar” significa “dicho de personas o cosas que estaban acordes: desavenirse”. Y “desavenencia” quiere decir “oposición, discordia, contrariedad”. No exagero al afirmar que en los últimos tiempos algunos partidos políticos están provocando que los ciudadanos nos “desavengamos”, esto es, que desparezca la avenencia a que se había llegado durante la transición.

Durante los últimos treinta y seis años, los ciudadanos nos fuimos habituando al juego dialéctico de la democracia parlamentaria. A la sorpresa inicial que en los albores de la democracia podía producir en el ciudadano medio el hecho de que todo lo que hacía o proponía el partido en el Gobierno era sistemáticamente criticado por la oposición, siguió una época en la que se fue asentando un “orden democrático” en el que acabamos acostumbrándonos a la “dialéctica crítica”, a veces exacerbada, entre la mayoría gobernante y la minoría de la oposición.       

Sin embargo, en lo que va de legislatura ciertos acontecimientos políticos, como son los movimientos secesionistas catalanes y la sucesión a la Corona, están suscitando la cuestión de si existe un supuesto derecho a decidir que se comunica a los ciudadanos a través de dos mensajes que pueden llegar a desconcertarnos.

El primer mensaje es que ese supuesto derecho a decidir implica que los ciudadanos solo tienen que acatar las leyes que votaron personalmente (en un referéndum) o los representantes parlamentarios que eligieron. Pues bien, no hay ninguna norma en nuestro ordenamiento jurídico que condicione la eficacia de una ley al tiempo en que fue votada en el parlamento: rige desde que entra en vigor hasta que se derogue (“las leyes solo se derogan por otras posteriores”, dice nuestro Código civil).

Por lo tanto, los que están pidiendo un referéndum sobre la monarquía o la república con el peregrino argumento de que “hay generaciones que no votaron la Constitución”, están invocando como justificación un derecho que no existe.

El segundo mensaje que se está difundiendo es la enorme amplitud que tiene ese inexistente derecho a decidir. Sin que esté reconocido como tal en la Constitución, cada uno invoca (me refiero a los partidos minoritarios) el derecho a decidir para lo que le conviene. Los catalanes secesionistas para que se consulte solamente a los que viven en Cataluña si quieren ser independientes. Y los partidos minoritarios republicanos para que se consulte a los españoles si la forma de Estado debe ser una monarquía parlamentaria o una república.

Lo peligroso de esta obsesiva tendencia a someter todo a referéndum es que, a lo mejor, en nuestro desconcierto, pedimos que se someta a votación, por ejemplo, la financiación de los partidos políticos o la de los sindicatos. ¿Estarían de acuerdo los que propugnan los nuevos referéndums que se someta también si estamos de acuerdo o no con que los partidos y los sindicatos se financien con nuestros impuestos?          

 

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