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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Al final fue ella la que les cogió la mano

José Manuel Otero Lastres el

Lo que les voy a contar es un hecho real que sucedió en algún lugar del sureste de  Europa. Más concretamente, en uno de esos santuarios casi desconocidos y, desde luego, muy poco visitados, en los que gracias a la inmensa bondad y humildad de unas hermanas de la caridad seres humanos de deshecho son atendidos con un amor y una entrega que reparan de algún modo el gran pecado de desprecio con el que muchos de nosotros tratamos a nuestros congéneres más desfavorecidos.

Y es que, como si fuera un depósito de humanos inservibles, rechazados por sus progenitores y familiares por padecer defectos físicos o psíquicos perturbadores de la convivencia, hay locales provistos de los mínimos imprescindibles en los pasan su amarga existencia esos cuerpos tullidos y esas almas descompuestas. Pues bien, en un rincón sombrío de ese almacén de derribo de ilusiones humanas truncadas, había una mujer que padecía un caso severo de hafefobia.

La hafefobia es, para el que no lo sepa, una enfermedad psíquica que se manifiesta como un miedo intenso al contacto físico: el que la padece tiene pánico a ser tocado por alguien y sufre este terror con independencia de la persona con la que entre en contacto. En el caso, la indicada mujer se trastornaba cada vez que sus amorosas cuidadoras la tenían que tocar para lavarla. Y respondía dando alaridos, tensionando su cuerpo y cubriéndose con las manos y los brazos para impedir que pudieran tocarla. Y así día tras día durante muchos años: mismo amor y misma respuesta.

Llegó un día, sin embargo, en que aquella mujer, seguramente presintiendo que ya había llegado su momento, empezó a cambiar de actitud: dejó de repeler, primero, los contactos físicos de sus cuidadoras, y ya casi al final de su vida era ella la que reclamaba que le dieran la mano.

La abandonó la vida mientras estaba cogida de la mano de una hermana caritativa y tras haber descolgado de la pared desconchada una estampa que apretujó con fuerza en su pecho.

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