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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Salud, dinero, amor y …

José Manuel Otero Lastres el

Incluso entre los más jóvenes, creo que serán pocos los que no hayan oído alguna vez la famosa canción “Salud, dinero y amor”. Y seguro que los que lo hayan hecho recordarán que su primera estrofa es “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. El que tenga esas tres cosas que le de gracias a Dios”.

Según esa canción, parece que los tres bienes más valiosos de los que puede gozar una persona son esos, de tal suerte que en ellos podría resumirse el contenido de la felicidad.

Pues bien, me atrevo a asegurar que en los últimos tiempos para algunas personas la plena felicidad requiere un ingrediente más: la notoriedad o, lo que es lo mismo, la nombradía o fama, el ser conocido por un elevado número de ciudadanos, en definitiva otro de los aspectos del poder.

Antes de la aparición de la televisión, cuando la prensa y la radio eran los únicos medios de comunicación social, resultaba muy difícil poseer notoriedad. Uno podía ser más o menos conocido en sus círculos más próximos, pero trascender a otros más amplios requería o bien poseer algunas cualidades muy relevantes en asuntos que suscitasen el interés de la generalidad, como la literatura, el arte, el futbol, el cine o, en menor medida, la ciencia; o bien haber llevado a cabo una acción (plausible como un acto heroico, o repudiable, como un horrible asesinato) de extraordinaria repercusión pública.

Justamente por ser la notoriedad tan difícilmente alcanzable los elementos de la felicidad eran los tres reseñados: la salud, el dinero y el amor. Pero desde la aparición de la televisión, potentísimo instrumento generador de notoriedad, hay personas que buscan desesperadamente, más o menos conscientemente, la notoriedad. Es decir, hay gente que busca que el mayor número de ciudadanos posible sepa quién es, que deseen fotografiarse con él, que le pidan autógrafos, ser admirado entre sus allegado por ser conocido. O dicho desde la perspectiva opuesta, no ser uno más de los que viven en el olvido del montón.

Pues bien, el ansia de notoriedad puede provocar desajustes de personalidad en sujetos que, teniendo que pasar más inadvertidos por la importante función social que desempeñan, los lleva a aceptar decisiones sumamente discutibles.

Para que se vea de lo que hablo: hoy por la noche en el programa de la Sexta, Expediente Marlasca, va a intervenir el magistrado Vázquez Taín, al que llaman “el Garzón gallego” o “el Robin Hood de Villagarcía” para hablar del caso, a mi juicio hiperdimensionado mediáticamente, de Diana Quer. Para los que creemos que los jueces deben hablar en las sentencias, el juez debería estar alejado de los focos, pues como ya sentenció Lucano “aléjese de los palacios el que quiera ser justo. La virtud y el poder no se hermanan bien”.

Desconozco cómo andan de salud, dinero y amor nuestros jueces estrella, pero tengo para mí que, aun teniendo mucho de todo ello, solo la notoriedad es lo que acaba por colmar sus ambiciones.

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