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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Embriagarse con el vapor de las palabras

José Manuel Otero Lastres el

La Encuesta Escolar sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias, referida al período 2012-2013, revela, entre otras cosas, que, en el último año, a los 14 años el 63% de los encuestados (27.500 estudiantes de 14 a 18 años) ha consumido alcohol alguna vez, a los 16 años dicho porcentaje asciende al 84%, y un tercio se ha emborrachado. Y en cuanto a la forma de beber, la encuesta desvela que el 62% han practicado el denominado “botellón”, y que un 74,1 se dedicó a la ingesta rápida y concentrada de bebidas, lo que se denomina “borrachera por atracón”. Estos datos reflejan una realidad que debería hacernos reflexionar a todos, a los mayores primero, pero a ellos también.

Los adultos, sobre los que recae el peso de ir conformando las costumbres sociales, sobre todo con el ejemplo, deberíamos huir de posturas catastrofistas. Los gritos de la ira ensordecen el fino oído de la juventud y los aspavientos autoritarios hacen que se ofusque su entendimiento. Pero tampoco vale desentenderse del problema y descargar toda la responsabilidad en las instituciones públicas. Se trata de un asunto lo suficientemente importante como para que haya una respuesta “integral”, de la sociedad civil y de las autoridades, que determine cómo debemos hacer frente entre todos a ese fenómeno juvenil de la ingesta masiva y ritual de alcohol. Para lo cual habría que interesarse, antes que nada, por las verdaderas causas de esa gregaria costumbre juvenil.

En la etapa de los 14 a los 18 años, de pura formación, no parece que tengan aún un peso fundamental las futuras dificultadas en su salida al mercado de trabajo. Tal vez por eso, no sería del todo acertado interpretar su conducta únicamente desde la óptica de la “desesperación” por la falta de oportunidades laborales. Es preciso, pues, que los expertos hagan un acertado diagnóstico y que propongan los remedios que procedan. Sin que nos tiemble la mano, porque es mucho lo que nos jugamos: nada menos que el futuro del país.

Si tuviera el don de convertir mis deseos en realidad, pediría que las noches de los viernes esos jóvenes que frecuentan las plazas de los distintos rincones de España se embriagaran solamente con el vapor de las palabras.

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