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Nada es real

Nada es real
Marisa Gallero el

 

Si digo la verdad, no sabría por dónde empezar en esta semana que ha habido de todo, hasta las carcajadas que traspasaron a «Los del túnel», película coral dirigida por Pepón Montero con Arturo Valls de protagonista, llevando ambos a su personaje en «Camera café» al extremo. Un idiota feliz expulsado por el líder del grupo –interpretado por Raúl Cimas–, que se replantea su existencia, entre lo patético y lo extremadamente realista, tras sobrevivir a una experiencia traumática,

El disco enganchado de Los Pecos, que no deja de sonar con un volumen ensordecedor, es una alegoría de lo tragicómico de la vida, convirtiendo el tiempo en un continúo revival de lo que quisimos ser y en lo que nos hemos convertido. Que se lo pregunten sino a Bárbara Rey, que tendría fondos depositados por el CNI en un banco de Luxemburgo, en la misma época que denunció el robo de carretes y cintas de vídeos comprometedores para una «persona muy importante» de este país.

Y es que el pasado siempre vuelve, pero con unos tintes aún más negros. ¿Sería también para la Fiscalía «apología del terrorismo» los chistes de Tip y Coll que decían de Carrero Blanco que de todos sus ascensos, «el último fue el más rápido»? Muy parecido al tuit del líder de Def con Dos, César Strawberry, que le ha valido la condena a un año de cárcel del Tribunal Supremo: «Cuántos deberían seguir el vuelo de Carrero Blanco». Estamos en pleno retroceso, queriendo legislar y limitar el humor. Nada es real, aunque lo parece.

Como lo de la Fiscalía, que roza lo inclasificable, igual que Bárcenas con su definición de la caja B como «contabilidad extracontable». Después de ocho años de instrucción, Concepción Sabadell estuvo tres horas preguntando por la compraventa de cuadros, dos veces insistiendo cómo paga el extesorero la peluquería, media mañana discutiendo sobre la venta de limones a pie de finca y ni una pregunta sobre la principal acusación del caso. Ni una sola mención a los contratos por los que recibiría el senador por Cantabria las «comisiones por labores de intermediación en adjudicaciones públicas». Nada sobre los «mil millones de pesetas» que le confesó Correa a Peñas con fondo de piano, ni siquiera si es «Luis el cabrón». Y es que Gürtel se desvanece más en un retrato de la corrupción, que en hechos y delitos concretos.

Sólo faltaría añadirle una melodía: «Nothing is real… Strawberry fields forever».

 

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