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El cambio en Andalucía

El cambio en Andalucía
Marisa Gallero el

 

Cuando lleguen las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía rondaremos los cuarenta años del Partido Socialista en el poder. Se dice pronto. Y todavía las encuestas anuncian que ganarían con mayoría amplia con un juicio por el caso ERE que los abre en canal. Resulta que nadie controlaba los gastos del llamado «fondo de reptiles». Ni siquiera el que fuera director de Presupuestos. Magdalena Álvarez, consejera de Economía durante diez años, también pasaba por allí sin entrar en el detalle —«Los de Hacienda entendemos y respetamos las competencias de los demás», se excusaba—. Nada que ver con las declaraciones de Javier Guerrero cuando hablaba con los medios: «El problema se lo comió la Consejería de Empleo, pero eso no quiere decir que no se conociera y que no se movieran los hilos».

Esos hilillos tejieron una red para amortiguar la crisis a unos pocos elegidos y no para todos los andaluces. Prejubilaciones a dedo. Sin concursos sin transparencia, sin publicidad. Como lo resumía el juez de instrucción del Supremo, los cuatro ex altos cargos —Chaves, Griñán, Zarrias y Viera— prevaricaron al propiciar un sistema ilegal de ayudas «a sabiendas de su injusticia». Estos eran los padrinos de Susana Díaz. Los que están sentados en la Audiencia Provincial de Sevilla. Imagínense cómo sería el espectáculo si en lugar de ser los anteriores presidentes de la Junta de Andalucía fueran altos cargos del Partido Popular. No habrían horas en televisión para Cataluña.

Este es el partido que el 60% de los andaluces cree que volverá a presidir la Junta. Un jarro de agua fría para la oposición. Según las predicciones, el que saldría ganando a pesar de su apoyo al Gobierno socialista es Ciudadanos. Y eso que Juan Marín es el líder andaluz menos conocido. Sólo con saber utilizar el efecto Arrimadas podría haber sorpasso al Partido Popular de Juanma Moreno. La jerezana ganó las elecciones catalanas y podría arrastrar al electorado harto de que tampoco nada cambie en el sur de la península. Llama la atención la resistencia de Izquierda Unida coordinada por Antonio Maíllo perdiendo solo un escaño ante los cinco que se deja el Podemos anticapitalista de Teresa Rodríguez. Sería para medir bien quién es la cebada y quién el lúpulo si se elabora otro «pacto de los botellines» —esta vez con Cruzcampo—, ya que a nivel estatal se ha quedado sin presión.

Si todos repitieran la encuesta de ABC entre conocidos y familiares notarían que hay espacio para el cambio en Andalucía. Te lo cuentan incluso sin preguntar cuando estamos a un año de las próximas autonómicas. Y es la primera vez que algunos mencionan que no van a depositar la misma papeleta desde 1982. Algo insólito.

 

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