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Jamenei II y 460 kg. de uranio enriquecido

Jamenei.
Jorge Cachineroel

NB: Este artículo fue publicado anteriormente en El Economista.

El Economista, 23 de marzo de 2026, p. 27.

Tres semanas después del comienzo, el 28 de febrero pasado, de las operaciones combinadas de Estados Unidos (EE. UU.) e Israel, “Furia Épica” y “León Rugiente”, respectivamente, el régimen iraní está sacudido, golpeado con dureza y seriamente debilitado.

Los logros de ambos esfuerzos militares son notables.

El búnker presidencial en Teherán fue destruido el primer día de campaña, lo que decapitó al liderazgo de Irán, desde el exlíder supremo, ayatolá Jameini, el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas hasta otros 70 dirigentes.

Búnker secreto presidencial, Teherán, Irán, 28 de febrero de 2026.

Las capacidades estratégicas iraníes han sido diezmadas, con la desaparición de la Fuerza Aérea y de la Armada, de la que más de 60 buques fueron hundidos.

Los recursos iraníes para lanzar misiles balísticos han sido debilitados de manera significativa.

Los 31 cuarteles provinciales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y de su Fuerza de Resistencia Basij, paramilitares voluntarios dependientes del anterior, dedicados a la seguridad interna, la represión y la vigilancia moral, han sido destruidos.

No obstante, la amenaza existencial para el Estado de Israel seguirá presente hasta que desaparezca el régimen político de los ayatolás, cuyas intenciones, a pesar de este castigo tan severo, serán reconstruir sus arsenales nucleares y de misiles.

Esto es lo que estaba haciendo desde el día en que concluyó la guerra de los 12 días, en junio de 2025, por la cual EE. UU. e Israel aniquilaron el programa nuclear iraní.

Israel tiene la prioridad de acabar con los recursos iraníes que le permiten enriquecer uranio, algo a lo que se negaron durante las conversaciones que los enviados de EE. UU. mantuvieron con los de Irán en Ginebra, Suiza, en febrero de este año.

460 kg de uranio, que ha sido enriquecido hasta un grado del 60%, se encuentran enterrados debajo de la instalación del programa nuclear iraní situada en Isfahán e Israel, con la ayuda de EE. UU., debe deshacerse de ella.

Isfahán.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ofreció al gobierno iraní a comienzos de año la posibilidad de que ese uranio enriquecido fuera trasladado a Rusia para cumplir con las exigencias de EE. UU.

El gobierno de Teherán rechazó la oferta del presidente ruso.

A continuación, Putin ofreció al ayatolá Jamenei refugio seguro y confortable para él y su familia en Moscú y el líder supremo de Irán también rechazó esta oferta, como había hecho previamente Nicolás Maduro con otra similar.

Estos 460 kg de uranio enriquecido son el nudo gordiano de la guerra actual, ya que el régimen iraní no quiere entregárselo a estadounidenses e israelíes ni disolverlo, por lo que EE. UU. e Israel seguirán bombardeando Isfahán hasta destruirlo.

Este conflicto concluirá definitivamente cuando Israel esté convencido de que el conocimiento acumulado durante más de veinte años por los científicos nucleares iraníes y su capacidad para fabricar armas nucleares sean erradicados.

La denominada Asamblea de Expertos religiosos se intentó celebrar el 3 de marzo pasado con el objetivo de acordar quién debía ser el nuevo líder supremo de Irán, pero fue interrumpida por un bombardeo de la Fuerza Aérea israelí.

Ese edificio, situado en la ciudad de Qom, quedó reducido a escombros y solo 25 de los 88 participantes salieron con vida del lugar.

El 9 de marzo se anunció por fin que el ayatolá Mojtaba Jamenei, hijo de su predecesor, fue nombrado líder supremo de Irán, a pesar de que las autoridades iraníes reconocieran que estaba “herido por el enemigo”, sin dar más detalles.

Jamenei I (sentado), Jamenei II (de pie).

Jameini II tiene 56 años, si es que sigue vivo, y nunca ha ocupado ningún puesto de responsabilidad en la estructura de poder del régimen iraní, aunque se le atribuyen posiciones muy extremistas que cuentan con el respaldo del CGRI.

A todo ello se suma el sentimiento de venganza tras sobrevivir a la muerte de su padre, madre, esposa, hija y una gran parte de su familia en el ataque al búnker presidencial en Teherán el primer día del conflicto.

La única razón de su elección es el apellido que le vincula directamente con el líder supremo aniquilado y anticipa que será muy difícil, si no imposible, que haya interacción entre él y el resto del mundo.

En realidad, los sectores más fanatizados del régimen le han aupado a esa posición para precisamente transmitir al mundo que no hay marcha atrás y que la resistencia de la dirigencia iraní continuará hasta su aniquilación final.

Estas son malas noticias para la población iraní.

Quedan por delante días duros para Irán hasta que termine por resquebrajarse lo que queda de la estructura de poder teocrático y político que ha controlado el país desde 1979.

 

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