Andreu Buenafuente ha querido en uno de sus programas comparar el Antiguo Testamento con el Corán, como queriendo decir que nos preocupamos mucho del islamismo cuando en el fondo todas las religiones son lo mismo.
Como mucha gente de su edad, Buenafuente tiene el tapón mental del anticlericalismo, eso odio irracional que viene de muy diversas frustraciones personales, y también generacionales.
Sólo desde este odio irracional, e iracundo, se puede comparar lo que dicen los libros sagrados con su distinta aplicación en la actualidad.
A diferencia del islamismo, el catolicismo ha evolucionado, y no vendemos a nuestras hijas como esclavas, como aprueba el Éxodo; ni matamos a nadie por trabajar en domingo; ni consideramos que tocar la piel de un cerdo muerto nos convierta en impuros, como claramente afirma el Levítico; ni lapidamos a quien planta diferentes cultivos uno al lado del otro, ni a quien lleva tejidos confeccionados por dos hilos distintos.
Al islamismo no le reprochamos sus escrituras, que vienen como las nuestras de muy antiguo. El drama del islamismo es que nos asesina porque no asume el gran progreso de la Humanidad; y por eso vive trágicamente anclado en la creencia de que somos sus enemigos.
Si Buenafuente esperaba con sus comparaciones ofender a la Iglesia o a los católicos, ha de saber que se ha esforzado por nada; y además, y en cualquier caso, nosotros somos los del perdón.
Lo que no sé es si Andreu, que doy fe que es una muy buena persona, podrá jamás perdonarse que su programa se haya convertido en un vídeo de propaganda del Estado Islámico para animar a sus asesinos a insistir en sus atrocidades.
Atacar a la Iglesia es fácil. Es lo más fácil que existe. Tan fácil como acabar resbalando por lado oscuro de la Historia.
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