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El Mi(ni)sterio del Tiempo es secreto y optimista

El Mi(ni)sterio del Tiempo es secreto y optimista
Jesús García Calero el

Podríamos haber imaginado un cameo de los protagonistas de la serie “Isabel” en “El Ministerio del Tiempo” con un tema como el de las cartas secretas de Fernando el Católico al Gran Capitán. Pero no. Una vez más, la ficción se ha visto superada por la realidad. Cuando ABC decidió llevar a su portada de hoy este impresionante tema de investigación histórica, Juan Fernández Miranda y yo teníamos claro el impacto que iba a tener, también en el presente.

El éxito de las series citadas demuestra a las claras el interés que tiene para los españoles de hoy una historia que cada vez se estudia peor en las escuelas. Y las cartas cifradas de grandes personajes son una fuente que apenas está empezando a valorarse como debe. En la apasionante conversación con el historiador José Enrique Ruiz-Domènec queda claro que hay todo un fondo de papeles secretos de la España de principios del XVI -y de las repúblicas italianas, como Génova o Venecia, la Serenísima- que no han podido ser incluidos en el trabajo de los historiadores con la importancia que revelan. Al menos hasta ahora. Y era una época plagada de conjuras y secretos por doquier. Incluso acuerdos como el firmado por el Rey de Francia Luis XII con el Rey Fernando en Granada en 1500, que ambos firmaron mientras trataban de incumplirlo para quedarse con todo el reino de Nápoles.

Carta recibida por el Gran Capitán en Nápoles en 1502 en la que transcribió unas frases que han servido de inicio para la investigación del CNI

Pero entre los historiadores también hay, en estos momentos, un gran debate, dentro y fuera de nuestras fronteras, sobre el relato aceptado del papel de la naciente España en la primera mitad del siglo XVI. En la John Hopkins University, un equipo de estudiosos encabezado por María Portuondo, ha puesto en marcha una revisión de la historia de la ciencia en la que se habla del “spanish turn”, el “giro” español, una expresión bajo la que se señala que el arranque de la exploración oceánica tras el descubrimiento de América provocó una carrera de innovación y excelencia que puso en marcha los avances y mejoras en instrumentos, naves y manufacturas que llevaron, una vez extendidos por el mundo a una verdadera revolución. Técnica, científica y también de mentalidad, como demuestran los postulados de la Escuela de Salamanca.

¿Por qué en España no somos capaces de poner en primer plano este relato que nos aleja de los clichés de la Inquisición y la Leyenda Negra? ¿Por ignorancia, por desdén, por una mezcla tóxica de ambas? Fernando el Católico y su nieto Carlos I pusieron en marcha en la Casa de la Contratación, un centro abierto a las innovaciones de los mejores especialistas del mundo -algunos de ellos espías de otros reyes-, y una escuela de pilotos, cartografía, cosmografía, además de las ramas mercantiles y comerciales que evidentemente se controlaban allí y convirtieron a Sevilla en la capital del mundo moderno.

Todo ese pasado parece borrado por la sombra de la tristeza de quienes se empeñan en inventar una historia lejana a los hechos o basada en torticeras interpretaciones, cuando no en mentiras. O que sencillamente ven un peligro de nacionalismo en el hecho de que nos contemos nuestra historia tal como fue. Nadie va a lavar la historia de España ni a ocultar los abusos, injusticias y hechos de armas que nos han llegado por una línea de humanistas y notarios de lo que ocurría y de defensores de la dignidad reconocida a los indios por las leyes desde Isabel la Católica, entre los que podríamos destacar a Bartolomé de Las Casas o a Jorge Juan. Pero tampoco vamos a aceptar la injusticia, mayor si cabe, de no reconocer los aspectos positivos de lo que España puso en marcha en aquella época, los logros que dieron -son palabras de John Elliott- a nuestros antepasados un papel en el comienzo de los caminos que llevaron a la Ilustración. Algo nunca aceptado por las ideologías oficiales de los otros nacionalismos que tanto sufrimos. Imprentas y universidades desde antes de mediado el sigo XVI, un afán de exploración sin límite que fue también un esfuerzo colectivo y, más allá de las conquistas que también lograrían otras potencias europeas, una política de mestizajes que dio paso a una nueva civilización.

Es una cuestión, más que de justicia, de inteligencia, conocer la verdad de nuestra historia más allá de los límites que los nuevos inquisidores quieren ponerle. Y por eso es muy importante para el presente una investigación como la que ha dado a conocer hoy ABC. Esas cartas muestran sin tapujos los planes y pensamientos del Rey Fernando en la campaña de Nápoles, inicio del imperio español. Dejan más claro aún el genio del Gran Capitán y, una vez que las tablas de sustitución múltiple descritas por el CNI se apliquen al resto de las cartas de la época que conserva el Archivo de la Corona de Aragón y el de Simancas, entre otros fondos, nadie sabe qué más detalles sobre nuestro pasado compartido podremos encontrar.

Contra la tristeza de los enterradores de la historia de España, sea en el presente o dentro de tres mil años, cabe la alegría de hallar nuevas verdades, datos interesantes y muy relevantes sobre el teatro político de la Europa en aquella década en la que se preparaba el tercer viaje colombino, se registra el choque entre Fernando y Felipe el Hermoso, muere la Reina Isabel, se produce el ascenso de Cisneros, y Francia trata de conquistar Nápoles con el mejor ejército de la época, que acababa de vencer en la Guerra de los Cien Años.

El Gran Capitán contempla al duque de Nemour, fallecido en la batalla de Ceriñola

Enfrente, un genio, un soldado, un político, un héroe de España: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que tomaba decisiones, dentro de la lealtad al Rey pero excediéndose de las órdenes recibidas, porque su intuición le decía que ese riesgo era asumible como finalmente lo fue. Venció al francés y fundó un nuevo arte de la guerra, el sistema moderno que acabó con la hegemonía de la caballería pesada medieval y que adoptarían de inmediato los Tercios españoles. Claves de un éxito que conquistó Nápoles para la Corona española. Y miles de secretos que esperan en los archivos desde hace 500 años.

Tan solo hemos empezado a contarlo. Es el misterio del tiempo, que tarde o temprano nos fascina y enriquece el presente. Que es optimista, además de secreto.

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