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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Julio Anguita y las declaraciones de Pedro Sánchez sobre Felipe VI

José Manuel Otero Lastres el

Julio Anguita, antiguo Secretario General del Partido Comunista de España y Coordinador general de Izquierda Unida, publicó el pasado sábado en El Economista un artículo titulado “Felipe VI el republicano: la adulación de Pedro Sánchez al Rey es un insulto a la inteligencia de los españoles”. En su reflexión, el señor Anguita criticaba con dureza la afirmación de Pedro Sánchez de que “la monarquía de Felipe VI representa los valores de la II República”. Calificaba esta opinión de “hiperbólica, servil y gratuita adulación cortesana”.

En apoyo de su opinión, el señor Anguita formulaba una serie de preguntas, tales como: “¿Qué tiene en común un Jefe del Estado elegido democráticamente, con un Rey no elegido por nadie y en cuya sucesión rigen preceptos propios de la Ley Sálica, discriminatoria con la mujer? ¿Qué tienen en común un Presidente de la II República que podía ser procesado y un Rey inviolable que, además, extiende su manto protector sobre su padre cuando éste ya ha dejado de ser Rey? ¿Qué tienen en común una Constitución monárquica que impide prácticamente su reforma, con la republicana de 1931 que hace dicha reforma accesible? ¿Qué tiene en común la Constitución Monárquica y la republicana de 1931 con referencia a la responsabilidad de los ministros ante el Congreso, inexistente en aquella y reglada en la republicana? ¿Qué tiene en común una constitución que delega en las FFAA la garantía de la defensa de la misma con la republicana que omite este mandato heredado de la dictadura?”.

Como puede advertirse con la simple lectura de las interrogantes que anteceden, el señor Anguita efectúa una comparación entre el distinto contenido de ciertas previsiones de ambas Constituciones. Además, formula cada interrogación comparativa con un juicio valorativo implícito favorable para las soluciones de la Constitución de 1931 con respecto a las actuales de nuestra Constitución de 1978. ¿Tiene razón el señor Anguita? ¿Compatibilizaban mejor los intereses en conflicto las normas de la Constitución Republicana que la actual?

Cada uno podrá tener la opinión que más le convenza, pero para mí hay dos datos fácticos determinantes que me llevan a discrepar abiertamente de la tesis de Julio Anguita. El primer dato es el distinto tiempo de vigencia de ambas Constituciones. La de la “República democrática de trabajadores de todas clases” es de 9 de diciembre de 1931 y estuvo en vigor hasta el final de la Guerra Civil; es decir, algo menos de ocho años. La Constitución actual por la que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho bajo la forma política de Monarquía Parlamentaria entró en vigor el 29 de diciembre de 1978 y sigue rigiendo a día de hoy cuando ya han pasado más de cuarenta años.

Pues bien, si una Constitución es el resultado de un pacto político que se traduce en un conjunto de normas que tratan de garantizar la convivencia de un pueblo, no parece que pueda dudarse de que es superior, al menos políticamente hablando, la de mayor vigencia, aquélla cuya observancia dura más tiempo. Y en este punto, creo que no cabe comparación alguna entra la dos citadas Constituciones.

El segundo dato que hay que valorar es la propia calidad de la convivencia democrática que instauraron ambas Constituciones. La de la República democrática dio lugar a un período política, social y económicamente convulso que desembocó en una Guerra Civil. La de 1978 ha dado lugar, indiscutiblemente, al período de paz y prosperidad de mayor duración bajo un régimen democrático. No comparto, pues, en absoluto la opinión de Julio Anguita sobre superioridad de las soluciones políticas contenidas en la Constitución Republicana respecto de las de la actual Constitución de la Monarquía Parlamentaria.

Cuestión distinta es el juicio que pueda merecer la frase de Sánchez de que “la monarquía de Felipe VI representa los valores de la II República”. Sobre esta afirmación del Presidente del Gobierno en funciones pienso no solo que es, como dice Anguita, “hiperbólica, servil y gratuita adulación cortesana”, es que afortunadamente es, como acabo de señalar, inexacta. Y es que  si la Constitución de 1978 todavía está en vigor y, en lugar de una guerra civil, ha traído el período de paz en democracia más largo y el de mayor prosperidad económica, es obvio que no puede representar los valores de una carta Magna, como  la de 1931, que produjo la división del pueblo español, cuya convivencia trataba de asegurar, y desembocó en una guerra civil.

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