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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Rastros de soledad en la red

José Manuel Otero Lastres el

De las redes sociales, solo estoy dado de alta en Facebook y, por eso, lo que sigue es lo que me sugiere lo que van subiendo a la red los que la visitan habitualmente. Es evidente que en el reducido espacio de un Post no puedo detenerme en las numerosas huellas que van dejando los espíritus que pululan por la misma.

Hoy solo voy a referirme a un tipo de  vestigio que no aparece nítidamente, pero que si uno presta atención puede descubrirlo con facilidad: como se anuncia en el título hablo de la soledad.

Jorge Luis Borges tal vez fue el que escribió el pensamiento más exacto y más aterrador sobre la soledad “estoy solo y no hay nadie en el espejo”. Y es que hay personas que acaban tan solas que ni siquiera les acompaña la imagen que habría de reflejarse en la tabla de cristal azogado.

Pero a lo que voy: no es infrecuente ver en la red lamentos profundos de esa asfixiante soledad. No me refiero a la soledad buscada, si no a la que asalta alevosamente a algunos espíritus que no han llegado a prepararse para vivir acompañados únicamente por sí mismos. Esa soledad de cuerpo y de alma a la que se llega cuando uno ya no puede interferir en otras vidas para inmiscuirse en sus mundos y llenar de ese modo el suyo.

Antes de popularizarse la red, no eran pocos los que mitigaban su soledad a base de soliloquios. Porque a muchos solitarios lo que realmente les interesa es hablar, lo de menos es si hay alguien que los escuche. Pues bien, gracias a la red –y esto es otro de sus beneficios, porque no todos son inconvenientes- hay muchas personas que encuentran precisamente en ella la compañía a la que aspiran.

Y es que en la red, que es una plaza virtual, cada uno, desde su balcón, va contando sus cosas, subiendo sus fotos, valorando y compartiendo lo que suben los demás “rednautas”. Por eso, al estar abierta a todos, la red acoge también a los solitarios que decidan navegar por ella, los cuales ya no se verán obligados a sostener monólogos sin respuestas, sino que pueden conversar con una multitud indeterminada de navegantes.

Con todo, todavía se detectan lamentos de soledad. Algunos tan lastimeros que a más de uno le hará brotar sentimientos de pena y de ternura. Pero, tal y como van las cosas, y como se siga poblando la red al ritmo que lleva, pienso que afortunadamente cada vez habrá menos espacio para la soledad de la que estoy hablando.

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