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La otra Manada

La otra Manada
Marisa Gallero el

 

No hay una sola Manada, aunque solo una se ponga ese nombre para alardear de sus hazañas. Algo que tampoco tuvo en cuenta la Audiencia Provincial de Navarra: la predeterminación de unos carroñeros que iban de cacería. Ni tampoco lo que ocurrió en Pozoblanco dos meses antes con cuatro de ellos. Una forma de actuar que avala su alevosía. Dentro de un coche grabaron a una chica inconsciente mientras le manoseaban los pechos. Se despertó «completamente desnuda en el asiento de atrás» y al negarse a practicar una felación, uno de ellos la golpeó «dos veces en la cara y otra en el brazo». Tuvo la previsión de hacer fotos de su vestido y sus medias rotas, además de un cardenal en el muslo.

Más allá del debate abierto con el ministro de Justicia que se ha metido en arenas movedizas señalando al juez que emitió el voto particular, el Gobierno del Partido Popular parece que es incapaz de quedarse sin meterse hasta el fondo en otro charco, ha quedado patente que el Código Penal necesita una reforma que no niegue con jurisprudencia el significado real de ejercer violencia e intimidación.

Sobre todo, porque no será el único caso. Estamos ante otro parecido en Alicante. Una chica de diecinueve años subió a un piso con un hombre de 34 años. ¿Es eso consentimiento? ¿Significa que por aceptar la invitación ya no se le considera agresión sexual a lo que le ocurrió? Una vez allí, se vio rodeada de otros tres hombres que la violaron durante horas. No se resistió. No hay vídeos. Ellos han negado la acusación. ¿Tampoco se consideraría violación? La Policía subraya que «resultaron infructuosos los intentos de huida de la joven», que una vez «liberada» fue atendida en el Hospital General de Alicante.

Ellos son argelinos de posición económica acomodada. Ella ecuatoriana. De momento sólo uno está en prisión provisional. Otros dos en libertad y otro no ha sido localizado. No hay muchos más datos. Pero lo que queda meridiano es que la ley no puede ser tan laxa ante lo que son agresiones. No se pueden tolerar ni aunque ella accediera en un principio a acompañarlo metiéndose en la boca del lobo. Y no es una cuestión de feminismo ni de cargar contra una justicia patriarcal. Es sentido común.

 

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