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Casado, pelotari

Casado, pelotari
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La entrevista a Casado en Marca tiene una perla escondida al final. Cuenta que estaba en un pueblo de Guipúzcoa y vio gente jugando en el frontón. Le estaban “pegando”, que es el término que utiliza, igual que no habla de jugar al tenis sino de “darle al tenis”. En ese momento, Casado nos descubre que, además de todo lo que ya es, también es pelotari. Pero tan extrordinario como esto es que en ese instante, a pesar del impulso de ir “a darle”, siente una reserva que se levanta en su interior.“No me lancé porque quedaba un poco impostado, pero no me hubiera importado”. Quizás un poco. Es bueno saber que tiene esa voz en su interior.

El entusiasmo de Casado empieza a ser embarazoso. En todas las fotos aparece moviendo no una mano, sino las dos. Con una no es bastante. Su sonrisa es constante y sin motivo, y al hablar añade un gesto de determinación con los ojos, como si fuera a estornudar o tuviera dispepsia. Los cierra un poco. El efecto es Julián López. El PP afronta un problema enorme, fundamental y definitivo: su candidato habla de los problemas de España desde el planeta meme. Es como si Suárez hubiera sido idéntico a Andrés Pajares. O la carrera de Andrés Pajares o la carrera de Suárez, pero una de las dos se tendría que haber sacrificado.

La portada de Marca es un ejemplo. Ahí le vemos dando un pase a lo Laudrup: por un lado va el balón, por otro su mirada al objetivo. Todo sin dejar de sonreír y sin dejar de parecer Quincoces.

Ese entusiasmo de Casado está sobre todo en las manos. No es que gesticule mucho, que por supuesto gesticula mucho, es que lo hace sin medida. Hay un marco determinado para que el orador mueva las manos, alrededor de la cabeza y el torso, pero Casado lo excede. Casado saca los brazos a pasear como si estuviera siempre en una Ted Talk, algo entre Demóstenes y Leonardo Dantés. Una mano explica una medida y la otra acude a rescatarla por si no estuviera todo suficientemente claro ¿Por qué no los movía así cuando estaba con Rajoy?

Habría que medirle, como a los jugadores de baloncesto, por su envergadura: la suma de lo que es más lo que suma con sus brazos.
En esos movimientos está el afán de Casado por no limitarse a lo que le han dejado, por reunir todo el espectro de la derecha: desde el centro hasta la Falange, pero sin necesidad de decirlo, instando una especie de derecho patrimonial. Basta con abrir los brazos como un Moisés y no dejar de hacer handsplanning, explicándonos España con las manos y una batería de medidas inagotables. ¿Que pita el Himno? Se prohíbe con una ley ¿Que Montoro nos ha frito a impuestos? Revolución Fiscal.
La campaña acaba de empezar y Casado ha dado ya el equivalente a dos vueltas al mundo alrededor de España (funcionamos ya por Magallanes, medimos así las cosas). Es como un molinillo frenético suelto por el país que en cualquier momento te puede dar un apretón de manos, ofrecerte la tranquilidad del centro, presentarte a un torero, llevarte a la selección, hacer física cuántica con el salario mínimo o bajar impuestos que lo mismo ha eliminado el día anterior.

Por si hubiera alguien capaz de resistirse a semejante entusiasmo, su partido continúa con la campaña del voto útil que explica al español dónde van a parar sus votos realmente, el efecto mariposa dentro de las urnas.
Esta misma mañana, Maroto afirmaba que no votar al PP puede darle el escaño a Bildu, con lo que estamos a minutos (probablemente cuando cuelgue este texto) de que no votar al PP ya sea considerado ETA.

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