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Blogs Tareas pendientes por Maria C. Orellana

La mujer que rascó con sus uñas la suciedad de mi coche

Maria C. Orellana el

 

Parada en el semáforo de Francisco Silvela con Avenida de América con un montón de coches por delante, veo a una mujer malvestida, muy delgada con un prominente embarazo de seis o siete meses, suplicando a los conductores que le permitan limpiarles el parabrisas a cambio de una propina.

Mi cristal está limpio, pero al subir al coche he visto una enorme cagada de pájaro seca sobre el capó. Para darle un euro sin ofender, la llamo agitando el brazo por la ventanilla. La mujer viene corriendo, con una enorme sonrisa, como si le hubiera tocado la lotería. Parece rumana, podría estar en los treinta y cinco, con una cara bonita aunque llena de surcos, reflejo de toda una vida en la calle.

No sé si habla español, así que gesticulo señalando el “sello” del capó. Sin perder la sonrisa, asiente y se pone a la faena. Solo dispone de un limpiacristales de esos con mango, y aunque riega mi capó de jabón, la cagarruta no sale por más que frota con la esponja, con la goma, con el canto… Viendo que el tiempo se le acaba y supongo que creyendo que no va a recibir su dinero, casi con lágrimas en los ojos, tira los cacharros y se pone a rascar la porquería con las uñas, con un fervor que me llega al alma.

Le pido que pare, ya rascaré con un cepillo cuando llegue a casa. Con el semáforo ya en verde y un aviso-bocinazo del conductor de detrás, le doy un billete de cinco euros mientras arranco y le deseo suerte con su bebé.

No logro quitarme los ojos de la mujer embarazada de la cabeza. No sé cual es su historia, pero seguro que está llena de penurias. Y mientras miles de mujeres como estas, sus hijos, sus esposos, malviven lejos de su tierra y de los suyos, mientras millones de personas arriesgan sus vidas cruzando el mar o en los bajos de un camión, en nuestro país de las cañas y las barrigas llenas de buena comida, algunos solo piensan en idolatrar banderas, empequeñecer su patria y abrir heridas donde no las había.

El mundo está loco.

 

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