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Valiente y lista Marie

Valiente y lista Marie
Maria C. Orellana el

Veo un documental sobre Marie Curie (su nombre antes de casarse con Monsieur Curie era Maria Sklodowska) y me impresiona que a finales del siglo XIX una mujer obtuviera dos títulos universitarios en la Sorbona, teniendo en cuenta que hasta su ingreso en la universidad de París había sido prácticamente autodidacta y tenía dificultad con el francés. Obviamente se trataba de una mujer extraordinaria, no sólo por su capacidad intelectual (obtuvo dos premios Nobel en diferentes especialidades) sino por su coraje. Porque en aquella época la mujer era considerada inferior al hombre, un ser inculto, solo apto para las tareas del hogar y la procreación, o bajando en la escala, la prostitución.

Lejos de la eminencia de Marie Curie, mi abuela materna (la de la foto) pudo en 1930 estudiar la carrera de Farmacia en la Universidad Complutense, gracias a que veinte años antes se había aprobado una real orden que autorizaba a las mujeres a cursar estudios superiores en igualdad con sus compañeros varones.  Hasta 1910, un puñado de mujeres había aprovechado el vacío legal para matricularse en algunas universidades y en toda España sólo 36 de ellas lograron licenciarse.

Un siglo más tarde la foto ha cambiado sensiblemente, pues hoy seis de cada diez alumnos que consiguen un título universitario son mujeres. Pero el 85% de las cátedras están ocupadas por hombres, y sólo el 10% de las 77 universidades en nuestro país tiene una rectora mujer.

Y lo que sucede en las universidades españolas se puede comprobar también en los colegios e institutos. La educación es un ámbito profesional con predominio femenino y sin embargo, el número de mujeres en puestos directivos en los centros educativos es muy inferior a lo que correspondería en proporción a su presencia en esta profesión. Aún es peor: no sólo hay más directores hombres en los niveles superiores del sistema educativo (secundaria frente a primaria o infantil), sino que también son más frecuentes en los centros más grandes y con mayor número de alumnos y profesores.

¿Es sólo cuestión de tiempo? Quizá basta esperar el relevo generacional, diez, veinte años. O quizá cuando sea anciana y esté llena de arrugas, miraré unas estadísticas sobre liderazgo femenino en el entorno educativo para comprobar con melancolía que todo sigue igual.

 

Nota: aprovecho para felicitar a mi amiga Isabel Durán Giménez-Rico, que recientemente ha sido nombrada Vicerrectora de Relaciones Internacionales y Cooperación en la Universidad Complutense, la misma en la que estudió mi abuela.

 

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