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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Un poquito de coherencia, por favor, que el pueblo español ya es adulto

José Manuel Otero Lastres el

El secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, Rafael Simancas, ante el pacto alcanzado por el PP, Ciudadanos y Vox para constituir la Mesa del Parlamento andaluz, declaró: “Esto sí que es una traición a España”, al tiempo que recriminaba al PP y C’s que hubieran llegado a un acuerdo con Vox a los que calificó como los “herederos del franquismo”.

Es posible que el enfado que se ha cogido el PSOE por la inesperada pérdida del poder en Andalucía les haya conturbado las ideas. Porque, de no ser así, sería muy difícil tomar en serio estas declaraciones del señor Simancas. Y ello por dos razones: porque no es verdad lo que dice y porque ha sido mucho peor lo que ha hecho su partido. Por eso, tachar a Vox de franquista y a los que lleguen a acuerdos con él de “traición a España” no es más que un acto de estrategia política de un partido, como el actual PSOE, que justifica el empleo de cualquier medio que le permita conservar el poder.   

Desde que ha entrado la nueva ejecutiva del PSOE, son muchos los ciudadanos que tienen la impresión que éste partido navega sin brújula por la política española: parece embarcado en la nave errática de Pedro Sánchez que dice, sin inmutarse, una cosa y la contraria, con una diferencia de tiempo ciertamente escasa. El ideario político de Sánchez, reducido a mantenerse como sea en la Moncloa, recuerda, en efecto, a un navío atrapado en un remolino en el gira sin cesar y sin vislumbrar la salida del laberinto.

Por esa razón, tengo la sensación de que cada vez son más los ciudadanos del montón que ya no se toman en serio lo que dicen algunos de los líderes actuales del partido. Y es que calificar como una “traición a España” el pacto andaluz es una pillería política propia de un partido veterano, cuando no una boutade de un cinismo político descomunal.

En mi humilde manera de ver las cosas, y desde mi óptica personal inequívocamente democrática y liberal, si hay alguna bandera que ha blandido siempre y blande hoy con honor y sin rubor alguno Vox es la de España. A este partido, se le podrá acusar de tener un ideario fuertemente crítico con algunas de las soluciones plasmadas en nuestra Constitución. Pero no creo que haya nadie que pueda aportar prueba alguna de que dicho partido haya tomado las armas para iniciar una lucha armada para forzar la liberación de una parte de España. Ni tampoco que pretenda, por ejemplo, dar un golpe de Estado contra de la Constitución y las leyes, declarando unilateralmente una la secesión de una parte de España. Ni, finalmente, que se haya financiado con fondos de gobiernos totalitarios como Venezuela e Irán.

Y, sin embargo, el sedicente pulcro partido socialista se ha apoyado para acceder al poder en partidos de los que hay numerosas pruebas de que apoyaron la lucha armada de liberación del País Vasco (Bildu), de que han dado un golpe jurídico contra nuestro Estado de Derecho (PDCat y ERC), y de que ha recibid ayudas económicas de regímenes totalitarios, como los dos anteriormente citados. ¿Apoyarse en Vox es una traición a España y, en cambio, en esos partidos no? Si la disculpa que dio en su día la Ministra de Justicia para no hacer ascos a pactar con semejantes socios fue que eran partidos con representación parlamentaria, ¿es que Vox no es un partido representado en el Parlamento Andaluz? 

Y en cuanto a lo de “herederos del franquismo”, además de la enorme facilidad que tiene el PSOE para calificar a los demás de modo despectivo, exijo también pruebas inequívocas de que Vox persiga entre sus fines políticos, inmediatos o a más largo plazo, la aniquilación del sistema democrático y su sustitución por un régimen autocrático como fue el franquismo.

Así que señor Simancas, menos lobos, que los hechos políticos recientes del PSOE hablan por sí solos, y, por eso, cada vez quedan menos pastores incautos que acudirán a su engañosa llamada de que viene el lobo de la derecha, incluida la que llaman grosera e interesadamente “extrema”.   

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