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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Los fanáticos de una sola idea nunca podrán con los espíritus libres

A propósito del escrache en la Universidad Autónoma de Barcelona contra Cayetana Álvarez de Toledo

José Manuel Otero Lastres el

Quienes aún consideran, tal vez románticamente, la Universidad como el templo de la libertad de pensamiento, se habrán sentido abochornados el jueves pasado por el espectáculo que dio hace unos días un grupúsculo de unos doscientos intransigentes que trataron de impedir que Cayetana Álvarez de Toledo expusiera sus ideas en una conferencia en la Universidad Autónoma de Barcelona. Lo cual no merecería más comentario que su repulsa, de no ser porque revela los síntomas de una grave enfermedad: el fanatismo intolerante contra quienes no comparten el propio pensamiento.

Tengo para mí que los que padecen ese mal del espíritu no son buenos enfermos y que, por tanto, no estarán demasiado predispuestos a ingerir las dosis precisas de tolerancia para llegar a respetar el pensamiento ajeno. Por eso, no tengo muchas esperanzas de que alguno de ellos pueda llegar a considerar que más que reprimir y amordazar las opiniones contrarias, de lo que se trata es de rebatirlas con argumentos convincentes. Mi poca fe se debe a que a estos espíritus intransigentes, desde sus primeros años, les han ido inoculando un pensamiento totalitario y han ido avivando su temperamento hasta convertirlo en tiránico.

Y es que, como puede fácilmente observarse, la presión que ejerce el nacionalismo más radical en todos los espacios de las universidades catalanas en general, y en las públicas como la Universidad Autónoma de Barcelona en particular, se está haciendo cada vez más visible y en su máxima expresión de intolerancia en las facultades más «politizadas», como derecho, sociología o ciencias políticas.

A pesar de todo, y por si hubiera alguno que estuviera cavilando sobre qué es mejor: convencer de la propia opinión o amordazar la adversa, me permito recomendarle encarecidamente la lectura de la obra de Stefan Zweig Castellio contra Calvino, subtitulado Conciencia contra violencia. En esta obra, el lector puede encontrar, en mi modesta opinión, una parte de los pensamientos más profundos, hermosos y acertados que haya escrito el ser humano en defensa de la libertad de conciencia y en contra de la intolerancia. Con el ánimo de incitar a la lectura de esa obra, me permito seleccionar, los tres siguientes pensamientos del brillantísimo tándem Castellio/Zweig.

Uno, del propio Sebastián Castellio, que afi rma: «Los hombres están tan convencidos de su propia opinión, o más bien de la falsa certeza que tienen de su opinión, que orgullosamente menosprecian a los demás. De ese orgullo nacen las atrocidades y las persecuciones, pues ninguno quiere seguir soportando a los demás en cuanto no son de su mismo parecer, a pesar de que hay casi tantas opiniones como seres humanos. No obstante, no hay una sola secta que no juzgue a las otras y que no quiera gobernar ella sola».

Y estos dos de Stefan Zweig, quien señala: «Esos fanáticos de una sola idea y un único proceder son los que, con su despótica agresividad, perturban la paz en la tierra y quienes transforman la natural convivencia de las ideas en confrontación y mortal disensión». Y añade: «Aun cuando no venza, la palabra demuestra su eterna actualidad, y quien la sirve en semejante momento ha dado pruebas, por su parte, de que ningún terror tiene poder sobre un espíritu libre».

Como recoge ABC.es, María Domingo, una estudiante de políticas y miembro de «S’ha acabat!» –la única entidad constitucionalista de la Autónoma– no duda en afirmar que “en las universidades catalanas hay auténticos matones ideológicos, los cuales, a través de las pintadas y la intimidación –y añado yo con actos tan reprochables como el de ayer- intentan que nos sintamos incómodos en nuestra propia universidad”.

Es tan bochornoso este asalto al que debería ser solamente templo del saber por parte de los fanáticos e intransigentes independentistas y radicales de extrema izquierda que es urgente devolver la Generalitat a aquellas autoridades que se comprometan a garantizar a todos las libertades constitucionales de pensamiento, expresión e información que son los pilares de toda sociedad democrática.

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