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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Faltaba un cuarto hijo

José Manuel Otero Lastres el

Era una seca y fría mañana de noviembre y, como todos los domingos, había salido a pasear por la urbanización en la que vivía. Y, al igual que en alguna otra ocasión, llamó por teléfono a su hija para decirle que sobre las once recogería a sus nietas para que lo acompañaran el resto del paseo de regreso a casa en donde habían quedado para almorzar.

Le encantaba hablar con ellas, sobre todo, para ver cómo razonaban. Después de las preguntas de rigor sobre el colegio y las notas, les propuso un juego que consistía en dar la mejor respuesta. Les iba a contar una historia sobre la conducta de tres personas y ellas debían indicar con cuál ellas era con la que más se identificaban.

Recopilando, sintetizando, y actualizando lo que recordaba de las parábolas que el habían enseñado en el colegio, les contó que en un lejano pueblo del noroeste de España vivía un anciano que tenía tres hijos. Un día los reunió y les dijo que se iba de viaje a Madrid, dándoles a cada uno un billete de cien euros. “Podéis hacer con él lo que queráis, pero cuando vuelve dentro de seis meses, os pediré que me rindáis cuentas”. Al regresar, los reunió y el hermano mayor le devolvió al padre doscientos euros: los invertí comprando castañas y luego las vendí y gané el doble. El segundo le contó que los había metido en el banco y que había obtenido un euro de interés. Y el tercero narró que temía perder el dinero y que lo había guardado en una lata de galletas en su habitación.

Seguidamente, el abuelo les preguntó ¿qué haríais vosotras? Y una de las hermanas respondió rápidamente y sin dudarlo: “ninguna de las tres cosas, yo repartiría los cien euros entre los pobres”.

El abuelo se quedó sumamente sorprendido por la respuesta. Repasó mentalmente las parábolas de los denarios, de las trabajadores de la viña y del hijo pródigo, y no recordó que ninguna ellas hubiese servido para ensalzar la caridad. Y tras alabar la respuesta de su nieta pensó que en aquéllas parábolas faltaba un cuarto hijo que eligiera la opción del desprendimiento y la generosidad.

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