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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Albert y Pedro: no importa conjugar el verbo “desdecirse”.

José Manuel Otero Lastres el

Perdónenme que me cite, pero verán como viene a cuento. En mi primera novela, “La Niña de Gris”, pongo en boca de uno de mis personajes que en verano el verbo que más se conjuga en La Coruña es “abrir”: hoy no abre, abrirá por la tarde, ayer abrió justo al irnos de la playa, etc.

Pues bien, por lo que observo estamos entrando en un tiempo en el que el verbo que más se va a conjugar en política será el verbo “desdecirse”, es decir, retractarse de lo dicho o, si se prefiere, incumplir la promesa hecha. Y es que da la impresión de que algunos de nuestros líderes políticos van a tener que hacer en los próximos días algo que aseguraron que jamás harían.

Hubo un tiempo –hace mucho- en que tenía un extraordinario valor cumplir la palabra dada. Recuerdo a este respecto que cuando explicaba a mis alumnos la figura del protesto notarial de las letras de cambio les decía que, aunque pudiera parecer mentira, en ciertas épocas no pagar una letra de cambio y que la protestara públicamente el notario suponía tal deshonor que había algunos comerciantes que se quitaban la vida.

Hoy cada uno de nosotros sabe perfectamente el valor que se le da a cumplir lo prometido. Pero si hay un ámbito en el que los ciudadanos esperamos muy poco del valor de la palabra dada es la política. Y es que llevamos suficiente tiempo de juego democrático para saber que, ya desde hace años, la credibilidad de los políticos está al nivel de la reserva de gasolina: a punto de agotarse.

Por eso, los políticos no deben temer la reacción del pueblo si se desdicen de lo prometido. El político italiano Giuseppe Mazzini dijo que “las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo”. Esto podía ser así en su tiempo a mediados del siglo XIX. Pero hoy en España los ciudadanos saben que, por lo general, los políticos son vendedores de promesas a cambio de votos: no siguen el refrán popular de “más vale un toma que dos te daré”. Ellos ejercitan el “dame tu voto y ya verás como yo haré”. Y como decía nuestro genial Quevedo “nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”.

Si el señor Rivera dijo que jamás apoyaría a Mariano Rajoy, no pasará nada cuando veamos cómo se abstiene o incluso vota a favor de su investidura. Y otro tanto sucederá cuando el PSOE maniobre para que se abstengan los diputados necesarios para que Mariano Rajoy se convierte en Presidente del próximo gobierno de España.

Ambos políticos son jóvenes y con poca experiencia, por eso deberían recordar –más Albert Rivera que Pedro Sánchez porque me parece que aquél dará mucho más juego político- la famosa frase de Napoleón Bonaparte: “la mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás”.

Si hubieran tenido experiencia, y hubieran sido lo suficientemente cautos, ahora no se verían en el trance flagrante de tener que conjugar el verbo “desdecirse”.

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