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«Crónica de una derrota anunciada»

«Crónica de una derrota anunciada»
Marisa Gallero el

 

Se cumplió el guión. Mariano Rajoy ha fracasado y ha perdido su investidura. La farsa continúa. El próximo capítulo del culebrón será la noche del 25 de septiembre, con el resultado caliente de las elecciones gallegas y vascas. Mientras tanto prepárense a escuchar todo tipo de propuestas, que pueden quedar en nada.

¿Se acabó el amor entre el Partido Popular y Ciudadanos? No será de tanto usarlo. Con chulería y un tono de bareto de cubatas y cestas de patatas fritas, Rafael Hernando le afeó a Albert Rivera haber puesto en duda al líder proponiendo un «candidato de consenso».

Por si quedan dudas, este sábado en Génova el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular cerrará filas en torno a Rajoy. «Es el que ha ganado las elecciones. Es hoy nuestro candidato y lo será mañana y pasado mañana», alzó Hernando la voz entre aplausos. Nadie le cuestionará. Y si alguien lo piensa, se lo callará. Así que si Felipe González cree que el PP debe presentar otro candidato por perder con 170 votos, ¿qué debería hacer el PSOE con Pedro Sánchez que perdió con 131?

Sánchez consiguió su propósito, que la jornada fuera la «crónica de una derrota anunciada», y golpeo bajo a su contrincante: «¿Cómo es posible que hoy sea el presidente peor valorado de la historia de la democracia?». Necesitaba limpiar su orgullo malherido, continuar con su «no» numantino, que ha sido hasta objeto de análisis del New York Times. ¿Y ahora qué? «Cuando llegué ese río, cruzaremos ese puente», pronosticaba. El río se ha quedado sin cauce, y él desde la tribuna no ha querido concretar ninguna alternativa más allá de que «el Partido Socialista será parte de la solución».

De una forma velada apeló a las fuerzas del cambio «a tener alturas de miras». Claro que si agarra la mano que le tiende Pablo Iglesias, incapaz de hablar sin tener un altavoz en la boca, sólo sumaría 156 votos. Para cumplir su sueño de ser presidente, aunque sea por un día, necesitaría fraguar el llamado Pacto de Frankestein con «populistas e independentistas».

Otra opción, que surge en forma de manifiesto de intelectuales, suena aún más descabellada. Juntar a la «burbuja naranja»  con la formación morada. Eso no lo pega ni el «chicle de McGiver», por mucho que Rivera se autoproclame como «los del sí».

«¿Hay alguien aquí que quiera terceras elecciones?», preguntó Rajoy. Sería la primera vez, de tanto hartazgo, que me plantearía la abstención. El tacticismo político que se inauguró el pasado 20-D sigue en sus cotas más altas y cada vez tengo más claro que les damos igual. A todos.

 

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