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Tiempo de guerras perdidas

Tiempo de guerras perdidas
Marisa Gallero el

 

ETA ha sucumbido. Ha muerto hiriendo. Sin pedir perdón, porque una «petición parcial de perdón» ni es perdón ni es nada. Dejando un halo funesto a una trayectoria marcada por el terror. Hemos ganado la batalla. Pero al final del camino quiro mirar el tiempo de guerras perdidas que no debemos olvidar.

857 asesinatos y 86 secuestros es el balance de una guerra perdida si no le damos su lugar a las víctimas. Ese es el balance de la cobardía de una banda terrorista que se presentaba bajo el eufemismo de la lucha armada. Esa es otra guerra que no podemos perder. La del lenguaje. Que ellos pongan el punto y final desde su perspectiva. No pueden arrebatarnos las palabras. La muerte de ETA es su derrota sin paliativos. No nos contentamos con migajas. «Ni perdono ni olvido» me recordaba Enrique Múgica en su casa verde. «A ETA lo que más le duele es que sus presos estén dispersos. Fui el ministro de la dispersión y creo que hay que seguir con ella. El delito nunca puede ser gratuito. A mí eso de que si te dan en una mejilla, pon la otra, ni hablar».

358 asesinatos sin resolver es otra guerra perdida si permitimos que no se investiguen. En un Estado de derecho se busca la Justicia hasta el final. No hay amnistía que valga. El verdadero comunicado hubiera sido su colaboración sin concesiones para reparar todo el daño causado.

Cada tregua anunciada era una herida profunda. Otra guerra perdida. Ellos administraban los tiempos. Imponían cuando mataban o daban la oportunidad de respirar. Quiénes hemos crecido leyendo cada uno de sus crímenes sabemos que la victoria es no dejar dudas sobre quiénes impusieron un camino unilateral cercenando la libertad de tantos. La culpa es solo suya.

Cada silencio de una sociedad atrapada en su propia tela de araña es una guerra perdida. Ese silencio cuando no se alzaba la voz al ver el nombre de un vecino dentro de una diana. Cuando cruzabas de acera para no saludar al señalado. Cada instante de tantos que estuvieron en sus listas negras.

Cuando Otegi se presenta como un hombre de paz y la sociedad no se rebela. Si los verdugos que no han demostrado ni un ápice de arrepentimiento son los elegidos como representantes políticos habremos perdido otra guerra. No hay mayor ironía que unos matones se quieran reinventar con el populista derecho a decidir. ¿Decidir qué? Lo único que han decidido es dejar de matar.

ETA es un cadáver intubado desde 2011 que ha firmado su defunción. No dejemos que escriban ninguna línea de su epitafio para que no quede nada de su espíritu.

 

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