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El ruido y la furia

El ruido y la furia
GRA094. BARCELONA, 24/09/2017.- La presidenta del Parlamento de Cataluña Carme Forcadell, da inicio a la "Maratón por la democracia", que desarrolla acciones delante de las sedes de ayuntamientos por toda Cataluña para confeccionar "material de campaña para defender el referéndum del 1-O". EFE/Quique García
Marisa Gallero el

 

Como la novela de Faulkner relatada por un idiota, lleno de ruido y furia, estos días, este «mañana, y mañana y mañana» continuos, parecen narrados desde la esquizofrenia colectiva. El barco de los Looney Toones tapado con unas lonas como si ya el ridículo no estuviera en el aire y Piolín no se hubiera convertido en la imagen alternativa de las fuerzas de seguridad enviadas por el ministerio de Interior. Cánticos de «¡a por ellos, oé!» para despedir a los guardias civiles que parten como refuerzo a Cataluña desde Huelva. Autobuses de organizaciones proetarras movilizándose para viajar a Barcelona desde Bilbao y Pamplona. O ultras gritando fuera del polideportivo de Zaragoza, provocando una lamentable agresión a la presidenta de las Cortes de Aragón.

En pleno sinsentido, escuchamos a Carles Puigdemont reconocer a Jordi Évole «estar a favor del derecho de autodeterminación de todos los pueblos», cuando sólo dos años atrás votó en contra de una moción a favor de la consulta en Kurdistán y en el Sahará. Ha querido cambiar tanto de chaqueta, ser más independentista que nadie, cuando formaba parte de Convergència desde los años ochenta. Por mucho que ahora se llame PDeCAT, Convergència se queda.

La sensación viendo a Puigdemont es viceversa a la que tuvimos cuando Rajoy apostilló que «un vaso es un vaso y un plato es un plato» para explicar qué pasaría si Cataluña se independiza. No hay que ser muy clarividente para saber qué la declaración unilateral de independencia está en manos de alguien que interpreta las leyes según los destellos de su particular bola de cristal.

Lo que sí conocemos es cuánto se gastó Artur Mas en la consulta ilegal del 9-N de 2014: más de 5,2 millones de euros de fondos públicos. Pero cuando tuvieron qué hacer recortes era por culpa de España, que les roba. Las cuentas de la Generalitat parecen que sólo están destinadas a gastos electorales, superándose en cada una de ellas. El juez que ordenó la operación policial para frenar los preparativos del 1-O investiga si el Govern ha destinado otros 6,2 millones de euros para el referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional.

No sólo aprobaron esas partidas en el Parlament, sin actividad hasta después del día D y con su presidenta Carme Forcadell agitando las calles, sino que alardeaban de ello en conferencias públicas. Según la denuncia interpuesta por Miguel Durán contra el exsenador de ERC, Santiago Vidal, que precipitó los registros y detenciones la semana pasada, la Generalitat habría negociado con «dos fondos de inversión no europeos para abrir una línea de crédito de 200.000 millones de euros en el caso de que el gobierno central paralice las ayudas del Fondo de Liquidez Autonómica a Cataluña».

Vidal, suspendido por el Consejo General del Poder Judicial después de admitir haber participado en el borrador de una Constitución para una Cataluña Independiente, se jactaba de que existía «una dotación de unos 400 millones de euros en los presupuestos de la Generalitat de 2017 para organizar el referéndum y construir las estructuras de Estado», añadiendo que «están debidamente camuflados, porque si no nos los impugnarían inmediatamente».

En la semana de la cuenta atrás, en una escalada de crispación, esperemos por la convivencia de todos que el ruido y la furia se quede en nada.

 

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