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En mi país por ser transexual te juegas la vida

Alexandra Andino

En mi país por ser transexual te juegas la vida
Ignacio Gil el

Alexandra nació en Honduras hace ya 40 años. “Desde que tengo uso de razón sabía que era diferente. Con siete años ya me gustaba usar la ropa de mi hermana mayor y jugar con sus juegos”. Con 12 años se lo confesó a sus padres. “Con contarme el pelo y vestirme de forma más masculina pensaban que sería suficiente para cambiarme. ¡Pero claro que no! En el colegio ya me lo notaban el resto de compañeros y eran bastante crueles. Yo no tuve casi niñez. Mis padres eran trabajadores y no podían ocuparse de nosotros y asumí la responsabilidad de cuidar a mis hermanos y de atender la casa. De mi padre recibía críticas y golpes. Era el alcohol lo que le hacía tan violento, pero además era homófobo y machista como el que más”.

Creció entre insultos, golpes, pedradas y vejaciones. “Aun así, yo no me culpabilizaba. Seguí mi vida como sentía que debía, paso a paso. En mi país la homofobia es brutal. Allí, mata”. Simultaneó estudios de peluquería y de mecánica automotriz. Mientras, comenzó a trabajar en bares como transformista. “Era una buena oportunidad económica, también me convertí en alguien popular, por fin me sentía bien”. Y ahí también entró en contacto con la asociación Arco Iris donde comenzó su andadura como activista.

“Soy transexual, peluquera, activista y mucho más. Sencillamente soy una persona normal con una orientación diferente. La sociedad es muy hipócrita y el odio y la ausencia de respeto están en la base de la homofobia, como lo están el miedo y el desconocimiento”.  Comenzó la terapia hormonal. “La discriminación siempre está ahí y a las transexuales nos etiquetan como prostitutas”.  En el 2009 hubo un golpe de estado y con el nuevo gobierno comenzó un acoso terrible. “Comenzaron a asesinarnos impunemente y ya no era seguro seguir viviendo en mi país”.

Se expuso mucho y la represalia no tardó en llegar. Sufrió un secuestro, y durante los 27 días que duró la sometieron a violaciones y palizas. Le dispararon en las piernas y creyéndola muerta la lanzaron por un cerro metida en un saco.  “Aun me cuesta comprender como pude aguantar tanto. Las personas tenemos una fuerza dentro que ni imaginamos. En una situación así ¿qué se puede hacer? No tienes salida, no tienes armas para defenderte. Solo puedes esperar a que pase lo que tenga que pasar. Recuerdo aun como caía y rodaba pero no sentía nada, al estar mi cuerpo tan fracturado y maltratado. Las cicatrices físicas se curan, pero las del alma, no, jamás se olvidan”. A partir de entonces vivió presa del miedo.

Pidió asilo el aeropuerto de Barajas en el 2012. Inicialmente no conocía sus derechos y fue el abogado de oficio quien tras escuchar su testimonio le explicó que cumplía los requisitos para solicitar protección internacional. El proceso de asilo ha sido áspero. “Saber que si regresaba a mi país me podrían matar me daba la fuerza para seguir aquí”.

Ha pasado por mucho, pero siente que lo más doloroso de todo el proceso ha sido no tener a su familia a su lado. “Con su apoyo mi vida emocionalmente hubiera sido diferente. Pero sobreviví. Estoy muy orgullosa de poder decir con libertad como soy y lo que siento, y haberme ganado por fin la aceptación y el amor de mi familia. Aquí estoy segura, tengo trabajo y no tengo miedo, pero mi lucha no ha terminado ya que aunque la causa LGTBI aquí está avanzada, todavía las transexuales estamos discriminadas. Estoy orgullosa de mis logros y creo que la soledad me ha hecho fuerte”.

No se plantea cómo hubiera podido ser su vida si las circunstancias hubieran sido diferentes. “La vida es así y hay que encararla con alegría. He conocido muchas personas con vivencias muy complicadas, y para las que lo que me ha pasado a mí es poco y ahí están, peleando. Y tantas otras que no están ya para contarlo. Llevamos una carga muy pesada y reconozco que a veces nos cansamos, pero no nos rendimos. La vida es una sucesión de caídas y no queda otra que levantarse una y otra vez, porque ahí es donde más se aprende”.

Rocío Gayarre

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