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Blogs Que la fuerza te acompañe por Alfonso M. Arce

¿Chollo o autoengaño? Qué se esconde tras la búsqueda del gimnasio más barato posible

Te equivocas si en cuestiones de salud tu objetivo es pagar lo mínimo por encima de otras consideraciones

¿Chollo o autoengaño? Qué se esconde tras la búsqueda del gimnasio más barato posible
Alfonso M. Arce el

Crecí con un eslogan publicitario repetido hasta la saciedad en el único canal de televisión que había. Eran los tiempos del «busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo». No sé si este machaque constante acabó por alterar mi subconsciente, o si ha sido la vida misma la que me ha llevado a ser un firme defensor de la oferta, la demanda y el libre mercado. Para mi el consumidor es el que, con su elección de esta o aquella marca, tiene el poder de convertirse en juez y acabar decidiendo qué funciona y qué no. Siguiendo esta línea de pensamiento, es lícito emprender y tratar de hacer negocio, pero como las cosas no son o blanco o negro, si entramos en el territorio de la salud, un objetivo de lucro personal no puede pasar por encima de algo tan valioso. Debe haber límites.

El mito de Temis, la diosa de la justicia. Lamentablemente los consumidores de hoy en día tienen muy difícil partir de una opinión sin sesgos y prejuicios.

Enero es el mes de los propósitos de cambio. Igual este enero de 2021 lo es más todavía. Y el mercado lo sabe. Se renuevan suscripciones, se publican nuevos coleccionables, se retoman las academias y llegan las rebajas ahora que se complica seguir gastando al mismo ritmo tras los excesos de las Navidades. Dentro de todo este aluvión de ofertas, llegan también los gimnasios y las apps de entrenamiento. Faltaría más que ellos no puedan, sobre todo siendo los centros deportivos otro de los sectores que ha sido muy castigado por las medidas restrictivas de la pandemia del Covid19, pero hablamos de salud y de la misma manera que defendí el «no al cierre de gimnasios e instalaciones deportivas», también me gustaría hablar de lo que se esconde detrás de algunas de las campañas de captación de algunos gimnasios, polideportivos o, ahora también, apps para ponerte en forma en el salón de tu casa.

Todos conocemos a alguien que está apuntado al gimnasio y ha ido dos veces. Lo mejor es que confiesan que no lo usan, pero para lo que les cuesta prefieren tener siempre abierta esa posibilidad. Hay quienes incluso pasean una mochila con la ropa deportiva, pero un día tras otro, no encuentran entre sus apretadas agendas el momento adecuado para ir a hacer ejercicio. Y esta manera de actuar, la conocen los empresarios del sector. El comportamiento impulsivo o irracional es una realidad. Las marcas de gran consumo saben que si ponen su producto en la cabecera de góndola de un supermercado, con un 2×1 enorme, vas a comprar algo que no tenías pensado e incluso ni necesitas. Y aquí llega el problema. Que acumules diez litros de suavizante no hace daño a nadie, al menos mientras tengas espacio para guardarlo. Que quieras cambiar tu estilo de vida sedentario, pero el desconocimiento, o una campaña de publicidad agresiva, te lleve a caer «en manos» de alguien que no te va a prestar ni la atención ni el apoyo mínimo que una persona que esta empezando necesita… eso es jugar con la salud de las personas.

Piensa si después de una jornada laboral es esto lo que más te apetece. Si la respuesta es que “no”, por muy barato que salga, elige algo diferente.

Pero he aquí el dilema ¿Es culpa del malvado capitalismo que inventa una cuota muy muy barata, sabiendo que más de la mitad de los que se inscriben seguirán pagando unos cuantos meses sin hacer uso del gimnasio? Por el contrario ¿Es el autoengaño del cliente, que quiere calmar su conciencia diciendo que se ha apuntado al gimnasio, quien hace que estas prácticas sean posibles y funcionen? Bueno, intentando ser coherente, yo afirmaba al principio que es el consumidor quien creo que debería acabar poniendo cada cosa en su sitio. Si cuando firmas una hipoteca te lo piensas mucho (pero mucho), o estás dispuesto a subir la letra mensual del coche por llevar unas llantas o una tapicería concreta, que busques el gimnasio más barato posible aun sin saber si vas a estar a gusto por el tipo de personas que lo frecuentan, si las instalaciones están mantenidas adecuadamente, si tiene una perfecta higiene, si tiene suficiente personal cualificado para atender a sus socios… si todo eso te da igual, si buscas la tranquilidad de tener un gimnasio pagando lo mínimo, estás empezando mal. Porque lo que poco vale o poco esfuerzo cuesta, poco se valora. Que la fuerza te acompañe.

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