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Blogs Fahrenheit 451 por Pablo Delgado

Experimenta 81

Lo mejor del diseño nacional e internacional completado con las mejores escuelas de diseño que influenciaron y cambiaron el oficio

Experimenta 81
Pablo Delgado el

Ya estamos en verano. Una época del año que es crucial para muchos jóvenes que van a elegir su camino a seguir en los próximos años y por el que su vida tomará un sentido u otro. Decisiones que se toman y determinarán un futuro incierto y todavía por hacer. Un futuro en el que la precariedad laboral está a la orden del día pero que si se toman las decisiones correctas, con trabajo y algo de suerte ese camino elegido les hará duchos en sus funciones y en su vida.

Si se elige el camino de diseñador, hay que saber que se elige un camino de transformación, de creatividad, de cambio, de intentar contribuir con el trabajo a una sociedad visual y comunicativa cada vez más en alza. Una sociedad necesitada de personas que organicen y den forma a los millones de mensajes visuales que cada día impactan en cada uno de nosotros a través de múltiples soportes a los que tenemos acceso.

Pero no solo están los mensajes visuales sino también todos aquellos productos y elementos que nos ayudan a tener una vida más cómoda e incluso sofisticada, aportando un valor añadido en el día a día. Por ello, es muy importante el acceso a las escuelas, y sobre todo, que esos centros formadores de nuevos diseñadores sean rigurosos, creíbles y aporten personas formadas y cualificadas, para un oficio que tiene siglos de antigüedad, pero menos tiempo las escuelas que han ido ordenando y guiando el conocimiento gráfico.

La bien más que conocida escuela de la Bauhaus, fue la primera en integrar y mostrar un conocimiento hacia las artes y el diseño: «la unidad de la artes, aboliendo la tradicional distinción entre artesano y artista, para establecer nuevos vínculos entre la producción en serie, los oficios y las artesanías, las ciencias, las fuerzas creadoras de la época y las leyes de los materiales», apuntan en el editorial del último e interesantísimo número 81 de la revista Experimenta.

Desde el rigor teórico (como en cada número que sale publicado) Experimenta (81) nos acerca esas tres escuelas míticas e influenciadoras que cambiaron el mundo de la docencia en cuanto a comunicación visual y artística se refiere, la escuela de la Bauhaus, la Hochschule für Gestaltung, y en menor medida, la Vkhutemas soviética.

Pero antes de entrar en materia, hace un recorrido sobre el futuro de la comunicación con la entrevista a Carlos Scolari, profesor titular del Departamento de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra y autor de más de 15 libros sobre narrativas transmedia, interfaces y la nueva ecología de los medios. Para pasar al genial y original Isidro Ferrer, en una «no entrevista teatrificada» realizada por Marcelo Ghio en la que capta la esencia del multiverso gráfico de Ferrer junto a sus reflexiones entorno a su trabajo, la creación y el diseño, ya que es uno de los máximos exponentes en nuestro país en en materia de diseño, en donde fluyen «teatro y diseño que están hermanados por dos elementos esenciales de la hermenéutica: la interpretación y la representación. Un baile circular entre idea y realidad que da forma al conocimiento. Ambos oficios están obligados a interpretar y a representar, y a hacer de la interpretación y la representación una expresión creativa», afirma Ferrer. «Mi rol como diseñador es encontrar el registro adecuado para interpretar y representar sobre el papel la esencia de la representación escénica. Dar voz a los otros. Ser el otro». El artista/diseñador deja grandes píldoras reflexivas de lo que es el diseño y las imágenes.

El viaje visual continua con la muestra del trabajo del diseñador especializado en gastronomía gráfica Roberto de Vici de Cumptich, una especialización en alza para diseñadores gráficos. Se continúa con Joan Costa, fundador de la primera empresa consultora en Europa dedicada a la Comunicación, la Imagen y la Identidad Corporativa que entiende las imágenes «no como simples ‘cosas’ sino ante todo como fenómenos de comunicación, es decir, como fenómenos sociales». Todo un gurú en identidad visual corporativa.

Además, nos muestran a Anna Devís y Daniel Rueda, la pareja de fotógrafos españoles del momento; y el imperdible Zum, la sección de todos los números, en la que se aborda una temática del diseño de forma transversal, en este número se la dedican al diseño para diseñadores: aplicaciones para desarrollar en tiempo real tus propias tipografías; gadgets para ampliar la funcionalidad de los bolígrafos; la irrupción del mobiliario inteligente, el nuevo software de Adobe para experimentar con Realidad Aumentada… y mucho más.

Como colofón, la sección central comentada anteriormente. A 100 años de la fundación de la Bauhaus, el dossier del número 81 se centra en esas «instituciones y actores principales que moldearon el pensamiento académico de toda una generación».

Un dossier elaborado por Eugenio Vega que nos contextura Liza a una Bauhaus que «no estableció una nueva tipología de objetos, tampoco reinventó lo que ya existía. Utilizó los modelos de siempre, revestidos de formas modernas sin ornamentos y con algún nuevo material». Además de mostrar la figura esencial de Walter Gropius que «gracias a su capacidad de adaptación aparecería como el impulsor de una Bauhaus que terminó siendo un símbolo del liberalismo y democracia burguesa» y que consiguió «que un fenómeno marginal de la cultura de Weimar se convirtiera en un referente de la modernidad».

David Oswald nos da a conocer la faceta de un departamento de la Hochschule für Gestaltung que pasó prácticamente desapercibido, ya que solo llegaron a matricularse unos 25 alumnos, pero que tuvo más relevancia posterior de lo que se cree, era el departamento de información dirigido por Max Bense. La escuela fue «un referente de la enseñanza del diseño para muchas instituciones educativas de todo el mundo. Se considera al diseño de producto y a la comunicación visual como disciplinas predominantes en Ulm». Continúa Oswald, «la historia del departamento de información es un reflejo de lo que fue Ulm en su conjunto». «Su plan de estudios se centraba en un periodismo político, con un fuerte énfasis en el trabajo práctico. Era una respuesta a la formación tradicional de los periodistas en las universidades que, como tal, era casi inexistente. La más habitual era estudiar literatura clásica y adaptarse más tarde a la práctica profesional». Pero Max Bense fue más allá «puso la mirada en los problemas de la información y la comunicación, un planteamiento más orientado a la teoría que al oficio (…) sin embargo, su interés por la Estética de la información no llegó a conectar con la práctica del diseño». Concluye Oswald, que «si queremos educar a los diseñadores de comunicación para que sean algo distinto a los diseñadores gráficos, deben tratar con todos los aspectos de la comunicación, ya sean visuales o verbales. De otra forma, el diseño seguirá ofreciendo sólo servicios auxiliares superficiales».

A principios del siglo XX se extendió por toda Europa la «enseñanza de taller» y «la institución educativa que llegó a competir con la Bauhaus en su vinculación con la modernidad fueron los Vkhutemas, los talleres de enseñanza superior que abrieron sus puertas en Moscú en 1920», escribe Eugenio Vega en el último artículo del número. Con el título de Vkhutemas en el olvido. Arte, diseño y revolución en la Unión Soviética. El profesor nos muestra una escuela eclipsada por la propia Bauhaus, pero sobre todo, por las autoridades soviéticas stalinistas, por ocultar las experiencias culturales y artísticas de los primeros tiempos de la revolución. «Ambos centros dieron una gran importancia en sus cursos preliminares a un lenguaje formal alejado por completo de la tradición académica, y una orientación unificadora de la actividad creativa».

En definitiva, y como concluye Isidro Ferrer en su «no entrevista» al uso, «el incesante deglutir de imágenes anula la capacidad digestiva. Estamos matando la cultura visual de empacho, sepultándola bajo toneladas de escombros gráficos». Por ello, es importante que las escuelas hagan de filtro riguroso para dar a la sociedad diseñadores efectivos y resolutivos que no nos llenen las calles, las casas, los edificios de esos ‘escombros gráficos’». De ahí, la importancia en la formación de aquellos sujetos que sirven de intermediarios entre emisor y receptor.

Un número, que como todos los de Experimenta, aporta valor a la profesión, y que se completa con una selección cuidada de los mejores proyectos que vieron la luz recientemente. Diseño Industrial, Gráfico, Social, Editorial… ademas de ilustración, fotografía, reseña de libros…

Experimenta 81 // 12,90 euros

 

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