La libertad va firmada

Publicado por el Sep24, 2018

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En El Mundo sucederá como en cualquier territorio violentado por unos pocos: que la regeneración moral no llegará hasta que no se produzca desde dentro una respuesta clara de los que no tienen las mentes y las manos manchadas de totalitarismo, mediocridad y rabia contra la inteligencia.

En El Mundo, como en cualquier tierra tomada por los bárbaros, tienen que hablar los que suelen callar y permiten que en su nombre se escriban las más vergonzosas cartas. Cualquiera que conozca aquella redacción sabe que no es toda como sus sicarios querrían. Pero mientras los decentes no se alcen contra la ignominia, se les conocerá a todos por la ignominia, y es exactamente lo que merecerán.

¿Desde cuándo la libertad no sabe escribir cartas? Si queréis os la escribo yo y la firmamos juntos. Bastaría cualquiera de mis artículos, aunque no me importaría escribiros uno expresamente para tan bella ocasión.

Hace mucho, demasiado tiempo, que El Mundo ha sido tomado por el más absoluto desprecio al talento y a la inteligencia. No sirve de absolutamente nada que los que aún conservan algo de decencia se desmarquen tímidamente en Twitter, o por mensaje privado, de los dementes hechiceros que están incendiando su casa. No basta con que expreséis vuestra contrariedad en las sobremesas. Tenéis que usar vuestra condición de hombres libres y haceros dignos de ella. Tenéis que esparcir con vuestras propias manos el imperio de la tiniebla.

Para empezar, tendríais que exigir que los que prendieron la hoguera contra Arcadi hicieran público su nombre. Uno a uno y en fila, que firmaran. La libertad va firmada. Cuando no va firmada no es libertad, sino linchamiento.

Si no lo hacéis, si no os ponéis en pie, perderéis por cobardía vuestra condición de hombres libres y por desuso vuestra dignidad. Y la tiniebla os engullirá hasta que no podáis ver nada. La libertad se ejerce cada día, jugándote el tipo por ella, o hay muchas tiranías que te esperan para convertirte en su sarmiento. Y arden, arden las hogueras.

Llevo escribiendo desde los 9 años. He podido explicar el mundo entero en dos párrafos, me he equivocado, algunos artículos que ayer me entusiasmaban hoy apenas puedo reconocerme en ellos. Pero siempre he sabido que escribir es meterse en problemas y que la libertad es la vendimia de las fronteras. No podemos desentendernos de lo que nos incomoda, de lo que nos indigna, de lo que nos duele. No podemos hacer ver que no vemos ni permitir que nuestra desidia sirva de munición para las más infames bestias.

Vinieron a por mí y no dijisteis nada: algunos me dijisteis algo en voz baja, que es lo mismo que no decir nada. Han ido a por Dragó y habéis callado. Y ahora con Arcadi sólo Santiago González ha dado manifiestamente la cara. Por lo demás, he visto que algunos en Twitter -pocos: Rafa Latorre, Leyre Iglesias Velasco y Luis Alemany- han dicho, muy tímidamente, algo. Poco, pero algo. Al final la diferencia entre firmar y callar (o decir muy poco) se vuelve imperceptible. No hacer nada es complicidad con los tiranos.

La libertad entra a pecho descubierto, con todos sus atributos, en tanque. Nadie puede dejar de verla cuando llega, dura y penetrante. Lo demás son rendiciones, sumisiones, complicidades. Lo demás es el silencio de los hombres buenos que los sátrapas precisan para acabar su trabajo.

Y no hace tantos años, con Pedrojota, cualquiera que escribía en El Mundo podía decirle “yo soy más libre que tú” a cualquier otro periodista de España.

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