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Blogs Tareas pendientes por Maria C. Orellana

Paternidades

Maria C. Orellana el

Intentando aliviar los calores de agosto en Madrid, coincidí a la caída de la tarde en la piscina con mi vecina Elena, que bajaba con sus tres niños, encantados de darse un baño antes de la cena.

Elena trabaja en el departamento de medioambiente en una multinacional de ingeniería. Sentadas al borde de la piscina vigilando a los pequeños, comentábamos lo difícil que es encajar la maternidad entre proyecto y proyecto, haciendo cuentas para minimizar el impacto de la baja de dieciséis semanas en el trabajo del equipo.

Se quejaba de que un directivo de su empresa había vuelto al trabajo a los dos días exactos de tener a su hijo, lo que parecía muy desconsiderado no sólo hacia su esposa sino también hacia los trabajadores de la empresa, más si son mujeres en edad de ser madres. Si los hombres no disfrutan el ya breve permiso de paternidad de quince días, colocan a sus compañeras en una posición de desventaja, pues de ellas siempre se espera que “desaparezcan” de la oficina durante cuatro meses.

Pero tampoco hacen un favor a la carrera profesional en igualdad las mujeres que al mes de quedarse embarazadas disponen de una baja médica, que empalman con el permiso de maternidad de cuatro meses, para solicitar a continuación una excedencia de un año, que posteriormente unirán con jornada reducida hasta el siguiente retoño.

Subí a casa rememorando mi propia experiencia. A las cuatro semanas exactas del parto me llamaron de la empresa en la que entonces trabajaba para ofrecerme un nuevo puesto que exigía que me reincorporara inmediatamente. Lo hice, entusiasmada por la oportunidad profesional que aparecía ante mí, pero nada salió como esperaba. De aquello han pasado quince años, que ya ha cumplido mi hija y aún me duele al recordarlo.

Creo que los extremos no son buenos.

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