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Feminismo no es postureo, sino compromiso cada día

Feminismo no es postureo, sino compromiso cada día
Maria C. Orellana el

 

Se celebra el día de la mujer, este año con previsión masiva de paros, movilizaciones y actos varios. Por si algún lector quiere dejarlo aquí, empezaré diciendo que no voy a secundar la huelga (aunque no esté siendo políticamente correcta).

Puede que estas celebraciones remuevan conciencias y contribuyan a empujar el péndulo de los derechos hacia el lado al que difícilmente cae por sí mismo… Pero a veces temo que supongan un efecto contrario de saturación o rechazo. O que reivindicaciones necesarias y legítimas queden en una especie de parada del orgullo fem, un carnaval de gestos y disfraces, actrices me too que protestan vistiendo de alta costura en negro sexy y glamuroso, pechos Femen al aire, lenguaje absurdo de miembros y miembras, gritos oportunistas de sindicatos y partidos que paradójicamente jamás se han hecho dirigir por mujeres.

Los movimientos del ocho de marzo están fuera del alcance de millones de mujeres que en el mundo sufren silenciosamente dominación y violencia ejercidas por individuos, gobiernos, religiones y leyes que han dictado varones indeseables o retorcidos a lo largo de la historia (incluidas las costumbres aceptadas por muchas mujeres de cubrirse cara y cuerpo durante toda su vida, entregar a sus hijas en matrimonio a los doce años o infligirles una terrible ablación para ganar una improbable integración social).

Pero ni todos los hombres son opresores ni todas las mujeres estamos oprimidas. El feminismo no puede ir en contra de los hombres sino junto con ellos, para la defensa real de la igualdad de derechos, oportunidades y convivencia en libertad de ambos géneros, cada uno con su idiosincrasia natural.

Lejos de la exageración o el victimismo gratuito, debe empezar por promover serenamente esta igualdad en las decisiones que guían nuestra vida personal y profesional: cuando elegimos los mensajes que transmitimos a nuestros hijos, cuando votamos en las urnas, cuando en nuestras empresas contratamos a profesionales o participamos en sus evaluaciones y promociones.

Y después, instar entre todos a los gobiernos democráticos y modernos (con sus muchas carencias e imperfecciones) a que desde sus posiciones diplomáticas acudan en ayuda de las mujeres que más sufren en esos escenarios paralelos que, pese a ser reales, en nuestra cotidianeidad casi ni imaginamos.

El mejor día de la mujer será aquél que no se celebre, porque ya no haga falta. ¿Verán esto nuestros nietos?

 

Puedes seguirme en twitter @mariac_orellana

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