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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Federer y Nadal dos deportistas difícilmente repetibles

José Manuel Otero Lastres el

Cuando se trata de alabar las virtudes ajenas, tarea en la que, por lo general, somos bastante cicateros, es frecuente esperar a que el admirado haya abandonado este mundo o hacerlo en el momento del triunfo. En el presente caso, voy a rendir tributo de admiración a dos deportistas vivos por la trayectoria tan ejemplar de ambos en una larga carrera profesional. Y es que tanto Roger Federer como Rafael Nadal llevan varios años en los primeros puestos del ranking del tenis profesional, dando un ejemplo constante de las mejores virtudes que deben adornar a un deportista: ser excelentes tanto cuando ganan como cuando pierden. Hasta tal punto que puedo decir sin temor a equivocarme que en toda mi vida –y va siendo larga- no he visto deportistas rivales tan admirables como los dos.

Y es que, cada uno con los dones recibidos, ha desarrollado una carrera deportiva que los ha llevado a permanecer en el más alto lugar de la élite mundial de tenis.

Roger Federer recibió en el momento aleatorio de su concepción un talento para el tenis que, hábilmente trabajado con una sacrificada dedicación, lo ha convertido, seguramente, en el tenista con más clase de todos los tiempos.

Rafael Nadal, dotado también de un inmenso talento, tuvo que aplicar la fortaleza física para suplir lo que necesitaba globalmente para llegar al nivel -y hasta superarlo en ocasiones- de su rival Federer. Y a sus excepcionales dotes deportivas agregó un elevadísimo nivel del compromiso para llegar a lo más alto.

En el refranero español se dice: “en la mesa y en el juego, se conoce al caballero”. Y aunque es verdad que en este dicho la palabra “juego” parece referirse más al juego de naipes o de envite que al deporte, podría extenderse perfectamente su aplicación a la actividad profesional esas dos grandes figura del tenis. Porque por muy cicatero que se sea con los méritos ajenos es difícil encontrar dos caballero del deporte coetáneos y del máximo nivel con la grandeza y la honorabilidad de los que están sin duda entre los mejores tenistas de todos los tiempos.

No soy de los que defienden a los perdedores, porque me parece mucho más estimulante incitar a la victoria que jalear el falso consuelo de conformarse en la derrota con el simple hecho de participar. Pero siempre estaré al lado de los que se esfuerzan por ganar aunque no lo consigan, porque la gloria de la victoria la alcanzan los elegidos y sólo son unos pocos. Pues bien, Federer y Nadal, que son un paradigma de talento, lucha, esfuerzo y tesón en busca de la victoria dan lo mejor de sí mismo en sus enfrentamientos, pero –y esto me parece esencial- respetando en todo momento a su contrincante.

Sus brillantísimas carreras están jalonada de éxitos, que nadie les regaló ni les tocaron por suerte, sino que son el fruto de un excepcional talento deportivo educado para ganar. Sus respectivas carreras, aún estando en la cima, parece que no duraran muchos años. Sean los que fueren, y ojalá que duren mucho, lo que me interesa subrayar es que el ejemplo ya nos lo han dejado: pasión por ganar confiando en su propio esfuerzo, pero respetando siempre al adversario con algo que no es fácil de entender; a saber: que hay que luchar por cada bola y no darla nunca por perdida para que sea su oponente el que sienta el placer de ganarle el tanto. El enfrentamiento de ambos ayer en Wimbledon fue otro duelo en el que ganó el tenis exquisito y caballeroso de dos de los más grandes maestros de todos los tiempos.

 

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