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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Credenciales hediondas

José Manuel Otero Lastres el

Una de las características de los mesías de la “nueva” democracia era su habitual inmersión en la redes sociales. Las utilizaron ampliamente para regalarnos su profunda y sesuda visión de la realidad. Lo que nunca imaginaron es que los exabruptos que les fueron permitiendo escalar en el submundo “anarcoide” en el que vivían, les iban a pasar factura cuando por fin habían alcanzado “nómina”. Pero esta es otra cosa buena de las redes sociales: conservan el rastro de los que se sumergen en ellas.

Pues bien, me permito llamar su atención sobre las impagables aportaciones al pensamiento moderno de estos cuatro mesías de la nueva democracia: Guillermo Zapata, Pablo Soto, Alba López y Juan Carlos Monedero.

Zapata, como todos ustedes saben, se supone que quiso hacer humor con la cremación de los judíos, con el atentado de ETA que mutiló a Irene Villa y con el asesinato de Marta del Castillo. Como dirían los andaluces un “perla” de tío. Ha dimitido de concejal de cultura (Carmena debió valorar su “culto” a los muerto), pero creo que eso es insuficiente: debe dejar su acta de concejal porque quien se permite bromear con la desgracia ajena es indigno de representar a la ciudadanía.

Pablo Soto, otro concejal de Carmena (¡vaya ojo! o, si no tuvo nada que ver en su nombramiento, qué falta de control) ha hablado de “torturar”, “matar”, y guillotinar en una plaza pública a Gallardón. Todo un programa, aunque este más que humorístico parece macabro.

Alba López, que sería la que habría de suceder a Zapata si llegase a dimitir, afirmó que Emilio Botín no debería haber muerto tranquilo en la cama, sino en la calle o colgado, añadiendo “otro más que se va de rositas sin pagar sus crímenes”.

Finalmente, Monedero, probable ideólogo de los que anteceden, pidió un tribunal popular para juzgar al Premio Nobel Vargas Llosa, al que llamó fascista.

Observo en todos ellos una preocupante coincidencia en su afición por lo macabro con una gotas de “justicieros” populares. Hasta ahora solo se han expresado a través de la palabra, aunque con mucho odio, ojalá que nunca puedan pasar de ahí.

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