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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

«Resolutions», Alondra Bentley al final del viaje

«Resolutions», Alondra Bentley al final del viaje
Álvaro Alonso el

Alondra Bentley continúa labrando una de las carreras musicales más sólidas de entre las compositoras y cantantes de nuestro país y lo hace con un nuevo disco, «Resolutions» (Gran Derby Records, 2015), a la venta el 23 de octubre, que supone en cierto modo el final de un viaje.

 Hasta ahora conocíamos a Alondra desde su deslumbrante debut en 2009 por sus canciones llenas de poesía y romanticismo, en una estética que la situaba en el universo de las cantautoras folk, donde lo que primaba era el sonido orgánico, de instrumentos de cuerda acompañando su primorosa voz. Ahora Alondra (que canta en inglés, su lengua madre, ya que nació en Lancaster de madre inglesa y padre español) resuelve la antítesis de sus trabajos precedentes poniendo en común sus canciones desnudas en el estudio de Mathew E. White en Richmond, Virginia, y realiza unas grabaciones junto a una banda de músicos de primer nivel, Pinson Chanselle, Trey Pollard y Cameron Ralston en una experiencia nueva para ella. De entre los músicos destaca el grandísimo trabajo de Dave Clarke al piano y los teclados, muy presente en todo el disco.

El resultado es un álbum muy cohesionado en el sonido. Da la impresión de que, ya en el diseño de la portada, Alondra pretende un antes y un después, un paso al frente en el intento de dejar de ella la pura esencia de sí misma, desintegrar el ego mediante vasos comunicantes que lleguen al oyente como parte del paisaje, canciones para ser escuchadas mientras viajas en coche, como por ejemplo “Mid September”, como si estuvieras en compañía del mejor Lindsay Buckingham y Steve Nicks; o investigaciones de sofá sobre el subconsciente colectivo, como en “What Will You Dream”, una experiencia jungiana de largo alcance. Canciones espaciales, de naturaleza salvaje, con guiños a Kate Bush, donde apenas si queda rastro del efecto de recogimiento interior de sus anteriores trabajos. 

Sin embargo, pese al choque primero de sorpresa, las canciones se imponen por su propio peso, aceptando el cambio vital y el nuevo palpitar de Alondra Bentley, en canciones como “Remedy”, escenas de neón en la noche de la gran ciudad. Guitarras de punteo certero, piano electrónico que juega y juega, batería sin estridencias y la voz de Alondra cada vez más sabia.

Hay aún ecos del folk de las islas británicas que se dejan ver en la modulación de Alondra en temas como “The News”, donde parece que se expande el espacio entre loops y sintetizadores ante la caída del sol al atardecer. O en “Sweet Susie”, preciosa balada onírica, surrealista, que planea por las ventanas de la ciudad espiando las escenas cotidianas de los habitantes de la urbe.

El disco recoge algunas canciones pop que entran con más facilidad, como “Our Word” y esa melodía que recuerda aquellos singles del maestro Mike Oldfied.

Los aires soul llegan con “When I Get Back Home”, tal vez la canción más luminosa del disco, un paseo por las pequeñas cosas de todos los días con la que cualquiera puede identificarse. Preciosa consecución de melodías con ecos de la Motown, arreglos preciosistas y un aire mágico, como de anuncio navideño de cava, sobrevolando los esfuerzos de los hombres.

El disco se cierra con “Water”, andando de puntillas para adentrarse en los rincones de tu alma.  Así que no te lo pienses y déjala entrar, saldrás ganando. Es Alondra en su mejor momento.

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