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Esperanza a la fuga

Esperanza a la fuga
Marisa Gallero el

 

«No vigile más» ha sido la estrofa entonada por Esperanza Aguirre para irse por tercera vez, que podría sonar con la voz desgarrada de Edit Piaf y su «Non, je ne regrette rien», «no, nada de nada, no, no me arrepiento de nada». Porque ella, impoluta de blanco y dorado, se siente «engañada y traicionada» por Ignacio González, que habrá escuchado entre rejas como se ha quedado también en nada de nada.

La misma voz quebrada que en su interrogatorio en el caso Gürtel, en pleno estallido de la Operación Lezo, donde negó hasta la extenuación saber «quién organizaba las campañas» o de encargarse «de la logística», aunque sí aseguró que decidía sus actos. La lideresa contaba con un «kit de presidencia», que comprendía hasta 30 eventos al mes de lunes a domingo para su uso exclusivo, que llego a multiplicar por cuatro. Renegando de otro de sus hombres, Alberto López Viejo, que le escuchaba tomando notas en un cuaderno de rayas.

En menos de una semana, Aguirre ha tenido que escudarse en dos ocasiones en que abusaron de su confianza, que le ocultaron información. Podría haber escuchado con mayor interés la advertencia del tesorero nacional del Partido Popular, Álvaro Lapuerta, en el despacho de Mariano Rajoy en noviembre de 2004, avisándole de que algo olía a chamusquina en Arganda del Rey.

En lugar de jactarse durante años de haber destapado la trama Gürtel, escribiendo un libro donde «están los cotilleos», pudo descubrir las «facturas partías» de sus actos organizados por las empresas de Francisco Correa y de las lagunas en «la gestión intachable» de González frente al Canal de Isabel II.

Ella, como presidenta del PP de Madrid desde 2004, ha sido la responsable de todos los nombres que la formación ha llevado en sus listas. No le cabían más ranas en la charca. A diestra y siniestra. Tanto Francisco Granados como Ignacio González en prisión. Hasta una decena de imputados en distintas causas. Toda una época del PP de Madrid bajo su mandato.

Declarando ante el Tribunal se fue creciendo, cambiando de tono a medida que pasaban las horas. «Como el presidente no quiere que me enrolle», le decía a Ángel Hurtado, para terminar derramando lágrimas ante las cámaras, no tanto por quién fue su sombra, sino por ella misma.

Aguirre se ha quedado sin voz dentro de su partido, que le ha despachado con un comunicado de dos párrafos con tan sólo ocho líneas, como si se hubiera dado definitivamente a la fuga.

 

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