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En el limbo

En el limbo
Marisa Gallero el

¡Lo que da de sí una República de 15 segundos! Desde que Carles Puigdemont proclamó en el Parlament que asumía el «mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente» y lo suspendiera automáticamente para ese mismo fin de semana darse a la fuga, no estamos en Matrix sino en un limbo. Al menos aquí no se cumplió el guion. El Gobierno anunció que no habría referéndum el 1-O ni papeletas ni urnas, tampoco declaración unilateral. Lo único que se ha quedado en el aire ha sido la investidura de un holograma.

El día que tendría que ser proclamado presidente legítimo, como a él le gusta que le llamen, ha escrito un capítulo más de su cobardía. Ni siquiera le ha cogido el teléfono a Roger Torrent, que le tendió una alfombra roja antes de aplazar el pleno. Ni se ha atrevido a mezclarse con tantos que llevaban su careta ante el Palau de la Generalitat. Lo suyo es subir imágenes a su cuenta de Instagram para jugar al despiste. «No hay ningún otro candidato posible ni otra combinación aritmética», asegura Puigdemont en un mensaje grabado desde Bruselas. No lo tendría tan claro. ERC empieza a no querer firmar el cheque en blanco que le pide el prófugo sin hacerle partícipe de sus planes. La ruptura parece inminente.

Para continuar con el espíritu de carnaval en lugar de intentar una investidura telemática bien podrían elegir a otro candidato y dejarle la máscara de Puigdemont puesta. No desentonaría con la irrealidad que arrancó el pasado 6 de septiembre retorciendo las leyes ante la indignación de la Cámara y saldríamos de este bloqueo insostenible. Cada vez recuerda más al personaje de G.K. Chesterton en El Napoleón de Notting Hill, ese Auberon Quin nombrado rey por los residentes de un barrio londinense que se levantan en armas y se declaran independientes de Inglaterra. «Lo seguían por ese instinto que nos hace ir tras alguien con apariencia de loco, pero fundamentalmente por el instinto que hace que la humanidad entera siga (e idolatre) a todo individuo proclive a dárselas de rey». Mientras haya cordura, Puigdemont seguirá sin corona.

 

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