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Muere Pal Benko, un genio del ajedrez que tuvo una vida de película

Sufrió durante un año y medio los rigores de un campo de concentración soviético

Muere Pal Benko, un genio del ajedrez que tuvo una vida de película
Pal Benko, en 1964. Foto: N. F. Broers (Wikipedia / Anefo Auteursrechthebbende : Nationaal Archief Materiaalsoort)
Federico Marín Bellón el

Solo por la invención del gambito Benko, una hermosa forma de empezar la partida que implica el sacrificio de un peón en la tercera jugada, con negras, el viejo gran maestro merecía haber pasado a la historia. Pal Benko fue además uno de los ajedrecistas más fuertes de los años sesenta y alrededores, y tuvo una vida de película, de con fugas y capturas, que le costó pasar un año y medio en un campo de concentración.

Nació en Francia, creció en Hungría, sufrió en la URSS y acabó en Estados Unidos. Logró victorias contra cuatro campeones del mundo: Fischer, Tal, Petrosian y Smyslov, y se clasificó dos veces para el torneo de Candidatos, antesala de la lucha por el título mundial. Además de por sus aperturas destacó por su fino conocimiento de los finales, materia en la que era una autoridad, como demostró a menudo en sus escritos. Su afición a las posiciones con pocas piezas lo llevó también a destacar como problemista y compositor. Murió ayer a los 91 años, pero su legado es inmortal. Después de Yuri Averbaj, que tiene 97 años, era el gran maestro más viejo del mundo.

Las reacciones en el mundo del ajedrez se suceden por la desaparición de Pal Benko, que se mantuvo en activo hasta sus últimos días. También en la vida era un experto en finales. En la página de la Federación de Estados Unidos de Ajedrez enlazan uno de sus artículos, publicado hace justo un año y ganador de un premio de la asociación de periodistas de ajedrez de Estados Unidos. En el texto, dedicado a Stefan Zweig, Benko traza paralelismos entre su propia vida y la del Dr. B, protagonista de la «Novela de ajedrez» del autor vienés, que mantiene la cordura en un campo de concentración gracias al ajedrez. El ajedrecista ofrece un interesante giro a la historia de Zweig, que merece la pena leer.

En su biografía, «Pal Benko, My Life, Games and Compositions», publicado en 2003, cuenta que el campo de concentración le hizo apreciar cosas que parecen obvias. Quizá por eso en su carrera ajedrecística fue más un «gourmet» el ajedrez que un depredador. Es sus intentos por ganar la corona mundial, llegó dos veces a disputar el torneo de Candidatos, en 1959 y 1961 (quedó octavo y sexto). En 1970 llegó hasta el paso previo del Interzonal, que se jugó en Palma de Mallorca, pero cedió su plaza a un genio emergente, Bobby Fischer, que le debe buena parte de su ascenso hasta la cumbre.

Los primeros años de Benko son los más espectaculares: nació en Amiens (Francia) casi por casualidad, por la afición de sus padres a viajar. Creció en Budapest, pero su vida se tornó más sombría con la guerra, primero, y con la invasión soviética, después. Obligado a alistarse en el Ejército, desertó, fue capturado y volvió a escapar. Cuando regresó a casa, descubrió que su familia había desaparecido. Su madre murió, mientras que su padre y su hermano estaban en un campo de trabajo. Su talento para el ajedrez salvó su vida y la de su hermana pequeña.

Durante un torneo en Berlín, buscó refugio en la embajada de Estados Unidos, pero fue atrapado de nuevo y enviado a un campo de concentración, donde pasó un año y medio en el que casi muere de hambre. En 1957, por fin logró fugarse con éxito durante un campeonato estudiantil en Islandia. De allí viajó a Estados Unidos, donde pasó el resto de su vida. En su primer año fue cuando se clasificó para su primer Interzonal, en Belgrado. Él y Fischer se clasificaron para el Candidatos, en lo que fue el comienzo de una amistad tan hermosa como permitía el genio.

El gran maestro español Juan Manuel Bellón relata en Facebook que jugó cuatro veces contra Benko. También cuenta una anécdota muy divertida sobre su forma de encajar los contratiempos: Cuando le preguntaban qué pensaba sobre que los rusos le hubieran cambiado el nombre de gambito Benko por el de gambito Volga, el ajedrecista decía que no le importaba, «siempre que ellos reconocieran a su río Volga como río Benko».

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