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Por sus tesis los conoceréis

Por sus tesis los conoceréis
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Hace unos días, el diario El País publicó un artículo con este comienzo: “De todas las secuelas que ha dejado ETA en la sociedad española, la más inesperada se llama Santiago Abascal”. La pieza se titulaba “Abascal, el político que teorizó el nacionalismo reaccionario” y entre sus propósitos había dos que -sin entrar en su oportunismo y/o moralidad- resultan interesantes.
No había solo dos. Otro era volver a difundir sus “veinte años viviendo de la política”, algo que ya habían repetido voces de la derecha (voces cercanas al PP o a Cs). Pero desde estas posiciones había dificultades serias para dar el salto al segundo propósito del artículo: despachar la relación de Abascal con el victimismo.
Si un diario lo puede hacer en España es El País, que sin ningún pudor, y hasta con el mayor de los prestigios, ya había insultado directamente a sus votantes efectivos (andaluces) o potenciales. Sobre lo padecido por Abascal en su tierra, el artículo decía lo siguiente:

“Su libro No me rindo (La Esfera de los Libros, 2014) incluye un anexo con los 80 actos de acoso que desde 1981 sufrió la familia Abascal“ y “produce rubor, pues el sufrimiento de la familia Abascal (cartas de extorsión, incendio de la tienda, atentados frustrados por la Guardia Civil o pintadas en los caballos del padre) palidece frente al dolor por los 854 asesinados”y miles de heridos que causó la banda terrorista”

Esto fue corregido, y su versión actual es la que sigue:

“El líder de Vox se refiere orgulloso a ellos como sus “medallas”. El inventario muestra un registro pormenorizado de cuantas amenazas, insultos y pintadas han sido objeto él y su familia”.

Dejémoslo aquí. Basta con la intención de esta segunda y quizás definitiva versión.

Y vayamos a otro de los propósitos del artículo. Su último párrafo:

“En 2003, Abascal se licenció en Sociología por la Universidad de Deusto. En su tesis fin de carrera, distinguía entre “el nacionalismo ciudadano francés, revolucionario”, que incide “en los aspectos subjetivos, como la voluntad y el sentimiento de pertenencia a una nación”; y “el nacionalismo etnocultural alemán, romántico y reaccionario” que “se construye sobre la base de elementos objetivos”. Según la clasificación del sociólogo Abascal, el nacionalismo de Vox, basado en la identidad cultural, lingüística y religiosa de España, pertenece al segundo grupo”

Quedémonos aquí. Nos interesan estas dos cosas. Una es la extrañeza ante la cuenta que lleva Abascal de sus “medallas” y otra es esa operación intelectual en virtud de la cual Vox sería una contradicción de Abascal con sus propias ideas iniciales.

Abascal publicó un libro en 2004 titulado “Secesión y exclusión en el País Vasco” que debe de tener alguna relación con el contenido de la tesis mencionada. No en vano, en este libro, página 90, encontramos la frase citada por EP, que ahora extractaré en su totalidad:

“En cambio, el nacionalismo etnocultural alemán, el nacionalismo romántico y reaccionario, se construye sobre la base de elementos objetivos, esto es, los caracteres raciales, étnicos, la lengua, los apellidos, etc. EL nacionalismo vasco, fundado por un integrista reaccionario como Sabino Arana, se apoyó en la superioridad de la raza bizkaina, en el vascuence y en el apellidismo, es decir, en los elementos objetivos que supuestamente caracterizan a los vascos”

Abascal está partiendo de una distinción académica de los nacionalismos según se funden en elementos objetivos (los mencionados) o subjetivos (la voluntad, el sentimiento de pertenencia…) y lo que hace en esa misma página es colocar concretamente el nacionalismo de Sabino Arana en un tipo concreto para señalar a continuación como el nacionalismo vasco evoluciona después:
“Hoy en día, criterios objetivos y subjetivos conviven en la teoría nacionalisa vasca. Al contrario de lo que pudiera parecer, la adopción gradual de los elementos subjetivos (voluntad, sentimiento e identidad de pertenencia) en la teoría nacionalista, no sólo no ha servido para la aceptación de los inmigrantes españoles que asumieron el proyecto nacional vasco, sino para la exclusión de los oriundos del País Vasco que no se identificasen con el citado proyecto nacional”.

Es decir, que para empezar, en la cita de EP hay un abrupto final que deja sin mencionar los criterios objetivos iniciales del nacionalismo vasco (los caracteres raciales, étnicos, la lengua, los apellidos). La intención de esta poda en el texto es permitir igualar el aranismo del PNV a Vox y colocar a Abascal frente a sus propias tesis, en el lado “reaccionario” del nacionalismo. Esto no es exactamente así. No lo es ni someramente.

Si esta es la primera intención del artículo, junto a ella hay algo más importante: ignorar el propósito de las tesis y preocupaciones de Abascal en 2004.
La obra de Abascal muestra una preocupación muy concreta, una preocupación por el lado etnicista del nacionalismo vasco, por identificarlo, rastrearlo en el presente, para considerar pertinente el temor a la exclusión.

Y es aquí, y es en este propio libro, donde EP podría encontrar respuesta a su duda sobre “las medallas” de Abascal. El otro propósito del artículo, que es difundir una idea de victimismo.
En el mismo texto podría encontrar El País la luz, si quisiera. Pero hemos de agradecer que nos haya llevado hasta aquí porque lo que obtendremos será bastante revelador.

El siguiente fragmento de Abascal es fundamental:

“Sería posible en la Euskadi de Ibarretxe renunciar expresamente a la condición nacional de vasco y a la vez mantener la ciudadanía vasca con plenitud de derechos políticos? Nos dirán que sí. Pero tenemos el derecho, y quizás la obligación, de no creerles. Porque durante años hemos padecido las eternas tentaciones exclusivistas del nacionalismo vasco convertidas en negación diaria de la condición vasca a los ciudadanos vascos con una identidad nacional española y a los procedentes de otros lugares de España. La historia personal de cada vasco no nacionalista, o cada vasco originario de otros lugares, está regada de humillaciones y desprecios. Maketo, coreano, español…La memoria de todos y cada uno de quienes nos sentimos españoles mantiene vivos excesivos recuerdos, muy presentes en el tiempo, que nos quieren descabalgar de la innegable condición de ciudadanos de pleno derecho.
El proyecto nacionalista de Ibarretxe es desde nuestra perspectiva la última reformulación del supuesto derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Y precisamente, en la expresión de sus sueños separatistas, los dirigentes del nacionalismo vasco nos han regalado las mejores perlas para ganarse nuestra desconfianza. Esas perlas que guardamos como piedras preciosas de nuestras prevenciones y miedos son los más sólidos argumentos y razones para temer por la pérdida de nuestros derechos políticos en un hipotético País Vasco independizado. Pero tratemos de demostrar lo que afirmamos, para que nuestra infinita desconfianza no parezca un capricho”.

Y a partir de aquí, Abascal “explica”.
Y hace varias cosas. La primera es intentar demostrar que aunque los argumentos nacionalistas suelen ser de tipo democrático e histórico, el etnicismo está siempre presente. Desde Arana y hasta la actualidad. En segundo lugar, duda de un proyecto de Plan Ibarretxe que separa entre ciudadanía y nacionalidad. Esta parte es súmamente interesante porque permite ver el libro de Abscal como un posible dispositivo contra Vox. Bastaría que Abascal no olvidara nunca las prevenciones de su libro, en el que está preocupado por los derechos políticos de una minoría no nacionalista. Abascal cita a Popper y la sociedad libre, por ejemplo (aunque -no se entusiasmen algunos- lo hace no contra la nación, sino contra el principio de las nacionalidades wilsoniano y el derecho de autodeterminación).
Abascal en ese libro rastrea la huella de lo etnicista y excluyente en determinadas voces del nacionalismo vasco y alerta sobre un proyecto en el que secesión y exclusión son dos caras de la misma moneda.

Pero aquí está Abascal. Por el caminito insidioso hemos llegado a una explicación del político. Las medallas no son medallas, o no solo, son “perlas”. No algo que hay que lucir, algo que hay que guardar. La lista de agravios que Abascal conserva funda en él una actitud política que renueva la derecha española. Esto no es Rajoy, esto no es ni siquiera Aznar. En Abascal hay una política de la sospecha respecto al nacionalismo. Ya en 2004 advierte sobre lo que hay detrás de Ibarretxe y del señuelo de los argumentos de “tipo democrático” que HB esgrimía.
Abascal es una política de la sospecha activa frente al nacionalismo y también un conocimiento estrecho de su doblez, de su lado oculto.
La sospecha nace de la experiencia. Nace de la memoria. Nace de lo vivido.
Abascal tiene algo de la oracular sospecha de Mayor Oreja. Ese pesimismo constante, que en Abascal toma la forma de un derecho a la cautela del que siente amenazado.
La política de Abascal es desconfianza activa respecto al nacionalismo vasco entendido como proyecto intrínsecamente excluyente. Así lo ve. ¿Cómo entenderse con algo así?
(¿NO parece que la constante actitud de “reconquista”, de vanguardia, de frontera parece hasta pertinente, no meramente simbólica, no solo postura/postureo histórico sino actitud política natural?)
Y su libro pretende demostrar cómo desde siempre y también en el futuro, vasco será para el nacionalismo el que admita ser parte de la construcción nacional vasca, y los que no, una minoría con menos derechos políticos.
Esta es la radical novedad de Abascal, que supera el discurso falsificador que difunde el PSOE de la Declaración de Granada, y en el momento de la retórica confusa del derecho a decidir, y de los federalismos, de las grandes mentiras conceptuales, vuelve a un punto que no estaba ni en el aznarismo, vuelve a un punto que tampoco es anterior al 78, sino posterior. A una desconfianza latente, constante, vigilante, que supera la retórica del consenso por la del amenazado. Una actitud nacional española que surge, que se forma en el agravio de los años de plomo y posteriores.
Los daños sufridos por Abascal no son superiores a los de otras víctimas, claro que no, pero la diferencia es que de ellos hace surgir una actitud intelectual y política.

Si hay un proyecto (más de uno, si sumamos el catalán) de ruptura de España y de posible exclusión de las minorías en esos territorios, ¿cómo se puede participar sin más del lenguaje del consenso autonomista?
La desconfianza de Abascal es liberal y es nacional. Dos años después de ese texto fundó la DENAES, Fundación para la defensa de la nación española.
La desconfianza liberal está en este libro y en estas tesis que nos han llegado mal citadas: ¿qué futuro político tiene los que no asuman el nacionalismo subjetivo de la construcción identitaria vasca y catalana? ¿Qué derechos políticos tendrían con Ibarretxe, con la República de Puigdemont o en esta Rentería actual en el que el 4% de votantes no tienen plenamente garantizada la libertad de reunión?

En esas medallas/perlas está Abascal. Su conocimiento del nacionalismo, su testimonio y su resistencia. No es solo que tenga el derecho a atesorarlas (frente a la pastilla de olvido de la Paz institucionalizada y la “memoria” oficialista gestionada por el PNV, Bildu, el consenso del 78 y sus portavoces politicos y mediáticos, Abascal habla de “las memorias personales”), es que es muy posible que su naturaleza política, que lo mas característico de él, esté justo ahí.
La actitud de resistencia de Abascal es, a la vez, una política de la sospecha, y en la época de todos los velos, aditamentos, y maquillajes del nacionalismo, una política vigilante de quien está atento a la trazabilidad del etnicismo y de la exclusión que son semilla y quizás fruto del nacionalismo.

Los abusos padecidos por los vascos no nacionalistas no son un lugar de llegada destinado al olvido o a una estatua abstracta para la nueva convivencia gestionada por el PNV, sino un lugar de partida: la memoria personal sobre la que se asienta la mayor suspicacia ante una amenaza solapada y presente.

Es interesante este libro también para colocar a Vox frente a sus propios reparos liberales y constitucionales de 2004. La figura del maketo como minoría, como “extraño” y como extranjero/enemigo interior pudiera ser muy bien la del musulmán. Abascal solo tiene que ser fiel a esa tesis-libro.

De él y de Sánchez podríamos decir que por sus tesis los conoceréis. En sus tesis están. Modestamente diré que el diario EP le ha dedicado el mismo tiempo a la tesis de uno que a la del otro.

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