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Blogs French 75 por Salvador Sostres

Roma de Cuarón

Salvador Sostres el

He visto Roma, de Alfonso Cuarón. No me ha gustado nada pero me ha interesado mucho. Más que no me ha gustado tal vez sea menos inexacto decir que me ha disgustado profundamente. Me ha molestado su estética hasta asquearme. Me han parecido sucias todas las estancias, sucio el barrio, sucio el blanco y negro y la historia que contaba. Me han mareado los olores. Me ha ofendido que el autor me pusiera tan cerca de un drama sin el que habría podido continuar viviendo muy tranquilo y he tenido la sensación de que me contaba su infancia y no la mía, algo muy suyo que no llegaba a ser la metáfora de nada. Me ha deprimido el trato que la película da a la vida y el listón tan bajo de esperanza. Caprichosa coquetería fúnebre, esto me ha molestado muchísimo.

Pero también su suciedad me ha interesado, las heces del perro en la entrada de la casa, el coche agobiante que casi no cabe con el padre dentro fumando. Me ha interesado la angustia que sobrevuela cada segundo de la película y cómo enseguida se ha convertido en mi angustia. Me ha interesado verme a través del asco que todos los rincones de Roma me han producido, y recordar cómo en mi infancia, y en mi familia, solíamos preferir la higiene a la moral y el poder a la verdad. Me ha interesado la tristeza que me produce siempre el blanco y negro porque me habla de algo de mí que preferí enterrar a comprenderlo para que dejara de hacerme daño. Y me han interesado todas las traiciones porque yo también convencí a alguien de que no se lo contara a mi hermana. Y me ha interesado el alambre finísimo del que pende la película como pende la vida. Mucho, me ha interesado mucho lo rápido que Roma me ha puesto tan cerca de una estética que detesto, y lo rápida que me ha parecido su lentitud y no es un juego de palabras sino más bien una amenaza anunciada desde el principio que era inevitable que me acabara matando.

Me ha disgustado Roma y me ha disgustado su director por su vacía pedantería, por su regodeo en lo que es trágico, por la muerte servida como si fuera un pescado. Me ha disgustado el desgarro innecesario de una madre poco creíble y la vulgaridad infinita -tan vulgar que no llega ni a crueldad- de decir que era un hijo que no quería. Aborrezco todo lo relacionado con estos sentimientos y me enfado cuando alguien trata de relacionarme con ellos. Sucios como las estancias de la película, brutos como los paramilitares. No me hacen ninguna falta.

Con la misma fiebre me ha interesado el amor que brota de la desesperación, de la entrega total, la vieja ternura, muy gastada como el blanco y negro, pero que todavía sirve para explicar lo que realmente importa. Me ha interesado el dolor que enterré sobre todo porque he visto que personas más débiles que yo pueden sobrellevarlo, y me ha interesado el peso agobiante de lo que se presiente y es malo, la agonía sostenida como una cinta de terciopelo a lo largo de toda la película y que justo cuando crees que va a darte un sentido se desvanece cae sl suelo y te recuerda que nada tiene otro sentido que el que vivas y mueras para dárselo tú.

Si pudiera volver a elegir no ensuciaría mi vida, mi corazón tan blanco con Roma. Pero ya es tarde para esto y no creo jamás pueda librarme de tu suciedad.

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