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Blogs French 75 por Salvador Sostres

Mas y los feriantes (Leído en Herrera en COPE)

Salvador Sostres el

Quan jo n’era petitet veraneba en la finca que mi abuela tenia en Castelldefels. Cerca de la propiedad había un descampado donde por Santa María se instalaba una feria de atracciones, y a mi las tres cosas que más me gustan de este mundo son los delfines, los magos y las atracciones.

Me pasaba el día en la feria y conocía a todos los feriantes. Me encantaba ver cómo montaban el tren de la bruja, el Skylab, o la montaña rusa y luego montarme compulsivamente en ellas.

Un día me quedé sin monedas y pedí que me dejaran montar de prestado, que me lo apuntaran, como siempre decíamos en casa, y no hubo ningún problema, y pude montar con mis amigos en todas partes.

Volví a casa feliz como siempre en aquellos años, y olvidé la deuda y no fui a pagarla. Al cabo de pocos días, yendo a por el pan me encontré a algunos de los feriantes que me gritaron cosas horribles y concretaron toda clase de amenazas si aquella misma tarde no iba a pagarles.

Llegué a casa llorando como un buen niño idiota y entre sollozos le conté a mi abuela lo que me había pasado, convencido de que le parecería espantoso y se pondría de mi lado.

Pero cuando pudo entender lo que le contaba me mandó callar y me dijo, muy seria: “Pero tú, ¿por qué vas a pedir nada a los feriantes? ¿No ves que no son como nosotros? ¿No ves que ellos matarían por quinientas pesetas? ¿De qué te extrañas? ¡Es un milagro que hayas llegado entero a casa!”.

Esa tarde mi abuela fue a pagar y desde entonces yo he tenido muy claro que en la vida todo es superable salvo las clases sociales.

Algo que a Artur Mas, de joven, no le enseñaron y por eso se ha ido al descampado de la CUP no sólo a pedirles la escalera y la cabra, sino a ponerles condiciones sobre cómo tienen que prestárselas, sin que los antisistema le hubieran pedido nada ni le hubieran en ningún momento provocado o molestado.

Y todavía el hombre se extraña de que le hayan rechazado, cuando lo que es un milagro, como mi abuela diría, es que haya vuelto enterito a casa.

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