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Blogs French 75 por Salvador Sostres

Esta gran sensación

Salvador Sostres el

Monocrom

Plaza Cardona, 4
935167302

Comida: 9
Bodega: 10
Servicio: Janina y Xavi, 11. Intercambiables, 6.

Si tuviera que elegir un restaurante que este año me haya sorprendido por lo agradable que puede llegar a ser, por lo bien que se está, y por lo buenos que están algunos de sus platos, éste es sin duda Monocrom. Xavi y Janina Rutia, hermanos y propietarios de este bar de vinos que tiende a restaurante, y a muy buen restaurante, son los reyes de hacerte sentir bien. Bienvenido, acogido, querido, como un amor que te comprendiera y te diera la razón.

En el primer artículo que escribí sobre Monocrom, hace unas semanas, cité imperdonablemente mal el nombre de los cocineros. A los buenos es fundamental nombrarlos bien: es el primer paso de La Civilización. Así que quiero decir muy bien dicho que Alex López y Adrià Moreno son los cocineros de la casa, y estoy en disposición de decir, y creo que sin exagerar más de lo que en mí es razonable, que preparan los mejores macarrones de la ciudad. Son tan escandalosamente buenos que hay días que me levanto y todos mis pensamientos y todos mis pasos y todo yo tiendo hacia Monocrom para dar cuenta de ellos, como una atracción, como una adicción, como los imanes de la tumba más poderosos que los ojos de tu amante.

Monocrom no hace ni pretende hacer alta cocina. No es Hoja Santa o Enigma, ni Pakta ni Gresca. Gresca, por cierto, es tan bueno, y Rafa Peña es un cocinero tan extraordinario, que merecería ser considerado uno de los mejores restaurantes de España en cualquier guía. En cualquier guía honesta, claro. Pero esto ya hace años que lo sabemos, y por eso he querido dedicarle a Monocrom el último artículo de 2017, para celebrar sus macarrones, sus lentejas, su verdura simplemente hervida, su terrina de cerdo, y por supuesto sus vinos, que son ecológicos, y hasta biodinámicos, dos conceptos que no me pueden molestar más ni importar menos, pero Janina sabe dártelos con una dulzura tal que te embriaga más su amor que cualquier otro líquido o circunstancia.

El pequeño gran placer de ir a Monocrom contrasta claramente con las fantasías, los vértigos, los amagos y la importante dosis de surrealismo que hemos tenido que aguantar especialmente desde la vuelta del verano. No ha sido un otoño fácil, y aunque ahora todo parece más encaminado, o como mínimo acotado en un terreno de juego y unas normas claras -yo diría que dramáticamente claras- es justo reconocer que no hemos estado tranquilos y no puede decirse que nos haya ido demasiado bien.

Para que no nos sintiéramos tan solos, aquí ha estado Monocrom, con su encanto, su calidad, su Janina y su Xavi, su Alex López y su Adrià Moreno con sus magníficos macarrones, y esta sensación que es suya y es nuestra, de bienestar, de afecto del cuerpo y del alma, de lugar donde puedes ir y beber sin preocuparte de nada más que de resbalar, entre la ternura más confortable y segura, por el oscuro tobogán de la noche.

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