ABC
| Registro
ABCABC de SevillaLa Voz de CádizABC
Blogs Entre barreras por Ángel González Abad

San Fermín: 127 horas en la montaña humana de la muerte

Rosario Pérez el

 

Por fecha de

bautismo, mis ojos no habían visto nada semejante en las más de tres décadas que llevo pegada al televisor cada 7 de julio. El mismo ritual desde niña: pedía a mi padre que me despertara para ver los encierros de San Fermín. A veces dudo si mi pasión por el toro vino primero por las corridas que veía por las tardes al lado de mi abuelo (en aquella época en la que Televisión Española era la tele de todos y se interesaba por este espectáculo de masas) o por esa naturaleza tan vital que representaba el animal más bello de la tierra en los encierros. Aquella fortaleza del tótem bravo, su carácter de divinidad, me insimismaba a la pantalla. De cría apenas daba crédito a que unos hombres corriesen así delante de seis toros. ¡Si me daban miedo hasta los cabestros! Eran los héroes de la mañana pamplonica. Lanzaba mil preguntas de por qué lo hacían. La respuesta está escondida en la fabulosa película “Encierro” estrenada este año.

Decía que nunca había contemplado nada semejante a lo de este 13 de julio. Javier Solano nos recordó que desde 1977 no se producía un tapón humano de esta índole. En aquella ocasión, el titular fue la muerte. Hoy la parca ha rondado sobre una montaña humana atrapada en su propia piel. Segundos de horrible angustia en los que se paralizó el tiempo, minutos que parecieron 127 horas, como esa película de Danny Boyle. Lo del 13-J también ha sido un film de acción con protagonistas que no se podían mover: sus propios cuerpos eran la roca que chocaba contra esa hoja de la puerta que se cerró. Adrenalina de infarto en cada fotograma, en cada escena con decenas de mozos agolpados. Y tras esa avalancha humana, ¡seis toros bravos!


El capote de San Fermín obró un milagro que devuelve la fe hasta al más ateo. Hay que dar gracias por muchas cosas: porque a los fuenteymbros no les diera por embestir y porque a estas horas “solo” hablemos de parte muy grave. Espantoso. El agradecimiento no se queda en el santo, sino en ese arenero que tiró de sangre fría y valor para llevarse a los toros por el callejón.

No sé ustedes pero, después de lo vivido hoy y de la cogida de Fandiño con beso incluido de un toro, yo creo en los milagros.

Otros temas
Si quieres ponerte en contacto conmigo:

Entradas más recientes