

El presidente Obama se metió en un lÃo la semana pasada, cuando se le ocurrió elogiar a la fiscal general de California, Kamala Harris, no sólo como inteligente y brillante, sino, y aquà vino el problema, como la fiscal más bella del paÃs. Tantas fueron las protestas que el presidente se vio obligado a pedir disculpas.
¿Y dónde está el problema? O ¡qué estupidez! dirán algunos, sobre todo teniendo en cuenta que el piropo de Obama corresponde probablemente a la verdad (no hay más que repasar las fotografÃas de la fiscal en Google) Porque Kamala Harris es, en efecto, muy bella.
Pero ocurre que dos problemas convierten este asunto en algo más delicado de lo que parece. El primero, que todavÃa hoy en dÃa no se admite socialmente un comentario parecido a una mujer, a una presidenta, por ejemplo, sobre un fiscal general o el que sea. Y Obama deberÃa saberlo, saber que no se trata de un comentario natural en la medida en que no está admitido socialmente para todos. De momento, sólo para los hombres.
Y segundo, que las mujeres aún no han completado el camino de la igualdad aunque hayan avanzado enormemente. Lo que significa, entre otras cosas, que todavÃa siguen siendo valoradas en muchos cÃrculos sólo por su belleza y no por sus logros, como objetos de admiración más que como sujetos que deciden. Lo que convierte en problemáticos los comentarios polÃticos sobre la belleza de una mujer. Pues Kamala Harris, por ejemplo, es inmediatamente valorada no como una gran fiscal sino como una mujer muy bella.
Las reglas de juego no son las mismas para todos. Para las mujeres, en este caso. Y, de momento, lo que algunos encuentran tan natural si lo dice Obama, no lo encontrarÃan igualmente natural si lo dijera una polÃtica, pongamos que sobre el fiscal más bello del paÃs. Que no sé quién es, pero estarÃa bien averiguarlo y compararlo con Kamala Harris para ver si este asunto nos sigue pareciendo entonces tan inocuo.
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