
2007 fue el último año normal de nuestras vidas. En España estábamos en plena juerga, gastándonos el dinero en elefantes blancos, mientras que en EEUU, los ciudadanos hipotecaban sus casas para mantener el ritmo de consumo.
En 2008 descubrimos que éramos pobres. En España nos encontramos con la factura de los años del derroche y nos dijeron que tendríamos que pagarla, apretándonos el cinturón. En EEUU los ciudadanos descubrieron que no eran tan ricos como se habían creído, que lo de hipotecar las casas sólo había servido para esconder la dura realidad de que sus salarios reales no habían aumentado en lustros y que ahora estaban endeudados. Españoles y norteamericanos descubrieron al alimón que vivían en un sistema sesgado, que les había dejado caer mientras hacía esfuerzos denodados por salvar a los que habían generado la crisis. Trump, Orban, Nigel Farage y el Brexit vienen de ahí.
Fue en 2008 cuando China empezó a perderle el respeto a EEUU. ¿Así que ese sistema tan sesgado e inestable, capaz de generar crisis como aquélla, era el que le estaban intentando vender? La ironía fue que se le pidió ayuda a China para que salvase al sistema financiero global de su propia incompetencia y latrocinio. China cumplió. Siguió comprando bonos del Tesoro norteamericano, no vendió sus reservas de dólares y contribuyó a mantener la estabilidad del dólar. Lanzó un paquete multimillonario de estímulo que ayudó a mantener el precio de las materias primas y el comercio internacional. Durante dos o tres años, el avión de la economía internacional funcionó sólo con el motor chino.
Todos deseábamos que la pesadilla de la crisis pasase para volver a hacer lo que mejor sabíamos hacer, consumir. Pero el sistema nunca se recuperó del todo. De pronto el mundo estaba endeudado hasta las cejas. Todos sabían que esa deuda nunca se podría pagar (¿cómo devuelves tu deuda cuando, como en el caso de Grecia, asciende al 200% de tu PIB), pero no convenía decirlo en alto. El desempleo se mantuvo alto en muchos países y los puestos de trabajo que se crearon pagaban menos que los que había habido en 2007. Los salarios medios se estancaron, cuando no fue que disminuyeron.
La economía global y las economías nacionales eran como un enfermo de cáncer que pilla un catarro. Tenían plomo en el ala y catarros que en 2000 habrían bandeado sin problema, ahora podían llevarlas a la tumba.
Entonces la Historia se aceleró. Pensemos en lo que hemos vivido en estos años en los que una bandada de cisnes negros ha sobrevolado nuestros cielos:
+ 2020: El Covid. Aunque una gran desgracia, hubiera podido servir para tratar de resetear el sistema, por ejemplo para introducir realmente el teletrabajo y conseguir unas prácticas laborales más sostenibles y humanas. Cuando pasó la emergencia, las empresas renegaron del teletrabajo y volvieron a prácticas del siglo XX, que al menos permitían que los jefes microgestionasen en directo a sus minions.
+ 2021: El asalto al Congreso. Sabes que el sistema democrático ha petado, cuando en la democracia más antigua del mundo se asalta la sede del poder legislativo y el instigador no solo se va de rositas, sino que tres años después gana las elecciones por una amplia mayoría.
La salida por patas de Afganistán. Esto no fue un cisne negro. Se veía venir desde que la Administración Trump se puso a negociar con los talibanes en 2019. Lo que no se vio venir fue lo rápido que caería la república de Afganistán y la retirada caótica que se verían obligadas a efectuar las potencias occidentales. Fue una humillación para Occidente a la que muchos en el Sur Global asistieron con schadenfreude, palabreja alemana que he adoptado porque en un pispás describe la alegría que sientes ante las desgracias de otro. Hay quien sugiere que fue la salida de Afganistán la que mostró a Putin que Occidente le dejaría hacer si invadía Ucrania, porque estaba hecho unos zorros.
+ 2022: Rusia invade Ucrania. La primera gran guerra en el continente europeo desde 1945. La invasión de Crimea en 2014 no había sido un acontecimiento excepcional, sino un anticipo de lo que estaba por venir.
+ 2023: El ataque terrorista de Hamas, el ataque terrorista más devastador que nunca haya sufrido Israel. Las consecuencias de ese ataque, con las que aún estamos viviendo, fueron más de 60.000 palestinos muertos, la idea de convertir Gaza en una riviera sin palestinos, la destrucción de Hizbollah y, ahora, el ataque contra Irán. Sabiendo cómo se las gasta Israel y que da diez palos por cada uno que recibe, nunca entendí lo que perseguía Hamas.
+ 2024 y 2025 no nos han proporcionado cisnes negros. La victoria de Trump era predecible, así como lo era el auge de la inteligencia artificial.
+ Para compensar, 2026 nos ha proporcionado dos: la operación norteamericana para derribar a Maduro y el ataque Irán. La primera era mucho más impredecible que la segunda. Lo que parecía más probable es que EEUU optase por irle apretando las clavijas poco a poco para provocar un cambio de régimen.
Cuando sales a cisne negro por año, no es que el sistema haya entrado en una zona de turbulencias. Es que el sistema ha petado.
Todo este rollo es para contar cómo China puede estar viviendo los ataques a Venezuela e Irán.
China y Venezuela tenían desde 2023 una Asociación Estratégica a Toda Prueba y Todo Tiempo. Me gusta más cómo suena en inglés: All-Weather Strategic Partnership. Lo de All-Weather me suena a chubasquero con capucha de quita y pon. Más allá del nombre bonito, mi impresión es que China sabía que la Venezuela de Maduro era un desastre y se fiaba lo justo. Un ejemplo: en 2007 China y Venezuela negociaron que la segunda reembolsaría a China sus deudasen petróleo y otras materias primas. Tal vez China no se fiase mucho de que le fuesen a devolver ese dinero.Pienso que China daba a Maduro por amortizado. Era consciente de que a la larga el régimen no era sostenible. La invasión norteamericana pudo molestarla, pero China seguramente entiende que una gran potencia tiene que controlar su patrio trasero. Ya sabemos estas historias de esferas de influencia cómo funcionan.
Irán es harina de otro costal.
Irán forma parte de la alianza informal anti-occidental de la que también forman parte China, Rusia y Corea del Norte. Es un suministrador de petróleo muy importante para China; representa el 13% de las importaciones chinas de petróleo, el cual, además, se lo deja a buen precio. Irán, además, ha contribuido al esfuerzo bélico ruso suministrándole drones en momentos de necesidad. Por la vía de Irán, China apareció como una potencia extrarregional a considerar en Oriente Medio. El 10 de marzo de 2023, después de años de desencuentros, Arabia Saudí e Irán se reconciliaron. Lo novedoso fue que la potencia que lo hizo posible fue China. Era la primera vez que una potencia extrarregional irrumpía con tanta fuerza en una región que hasta ese momento había sido el dominio geopolítico exclusivo de EEUU e Israel.
No sé cómo terminará el conflicto. Por el momento, la descripción que he leído que me ha convencido más es que el régimen iraní está degradado, pero no hundido. Las guerras son más fáciles de empezar que de terminar. Y esta guerra será un buen ejemplo de ello.
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