
Las últimas páginas del diario de Pavese se leen como una suerte de cuenta atrás en cuyo final se encuentra el suicidio. ¿Las escribiría Pavese con ese mismo sentimiento de puertas que se van cerrando y que conducen a la habitación del Hotel Roma y a los barbitúricos? Yo creo que sí, porque el tono de estas páginas es cada vez más sombrío.
El 1 de enero de 1950 comienza con la rememoración de sus sentimientos suicidas de cuando era un muchacho. “En el fondo, en todos los grandes períodos has sentido siempre la tentación suicida (…) La idea del suicidio era una protesta de vida.¡Qué muerte no querer morirse!” Tal vez, por detrás de ese jugueteo con la idea del suicidio, que está presente en los diarios, estuviera la esperanza, que no se la reconocía a sí mismo, de que sucediera algo que le salvase al final de su destino de suicida.
El 14 de enero muestra su disgusto con su obra y sus sensaciones de decadencia física. “Trayecto declinante”, en sus palabras. Se pregunta por su vida, por sus amores… Más bien hubiera debido preguntarse por la ausencia de esos amores.
Por estos días le preocupa la idea del destino. Juguetea con la idea de que el destino sea el mito, el componente místico de toda existencia. Una idea interesante: el destino es lo histórico antes de que hayamos entendido sus conexiones. El destino es la herramienta de los poetas cuando hablan de los hombres y los convierten en materia poética. Una frase que me encanta: “Estamos en el mundo para transformar el destino en libertad”. La idea nos quita cualquier excusa sobre nuestras vidas. No podemos ampararnos en el destino para defender una vida truncada. Fuimos libres dentro de los caminos que marcó el destino. O sea, que no fuimos completamente libres.
El mes de marzo estuvo completamente ocupado por la actriz Constance Dowling, el último intento de Pavese de encontrar el amor. Hay algo evanescente en esa relación con una mujer 14 años menor. He leído que se conocieron en 1947, pero también he leído que lo hicieron a finales de 1949 o incluso en Turín hacia febrero de 1950. Yo me inclino a pensar que la conoció antes de la primavera de aquel año. Marzo aparece repleto de alusiones a ella. Pavese se ha convertido en un colegial enamorado.
El 6 de marzo anota sobre la noche anterior: “… El orgasmo, las palpitaciones, el insomnio. Connie ha estado dulce y sumisa, pero despegada y pasiva. El corazón me ha dado saltos todo el día…” Es lo que escribiría un adolescente después de una noche clausurada con éxito. Pero inmediatamente reaparece el Pavese neurasténico. Se pregunta si ha sido un espejismo de una sola noche. Se pregunta si no habrá habido un malentendido. Duda de su buena suerte.
“Palpitaciones, escalofríos, infinitos suspiros. ¿Es posible a mis años? No me sucedía de otra manera a los 25…” Encuentra a Constance “buena, sosegada y paciente,” hecha para él. El proceso de idealización ha comenzado. En realidad Constance era una mujer independiente y muy intensa emocionalmente, de esas mujeres que vuelven literalmente locos a los hombres. Por cierto, que había sido amante de Elia Kazan, otro que destacaba por su intensidad emocional y su carácter arrollador. Dudo que una mujer capaz de haberle resistido fuese “sosegada y paciente”.
Y dentro de este entusiasmo sus dudas sobre sí mismo. Se pregunta por qué no atacó el 6. Después de la noche del 5 al 6, que debió de ser épica, el 6 se contuvo. Por detrás estaba el miedo al gatillazo.
Una semana después se congratula de haber dado un paso, que no describe. ¿Acaso la propuesta de de que reforzasen la relación incipiente. Ella respondió como responden las mujeres con experiencia ante una oferta que no les convence del todo. “Increíble dulzura de ella, palabras de esperanza. Darling, sonrisas, largo repetido placer de estar contigo…” Y luego el Pavese con complejo de inferioridad, declara: “Con toda sinceridad: yo no merecía tanto.” A ver, eres un escritor en ascenso, eres un hombre culto e interesante. Eso sí, de carácter seriote y un poco sombrío y tienes el problema de la impotencia. Que sean otros los que digan si merecías tanto o no. Disfruta del momento.
El 20 de marzo ella le hace una de esas declaraciones que, si no indagas, te colocan en el séptimo cielo: Mon coeur reste encore á toi, mi corazón sigue perteneciéndote. Pavese se entusiasma con esa declaración. Yo tengo mis dudas.¿Qué significa ese “encore”? ¿Por qué no le dice más directamente “Mon coeur est á toi”?
Y el 21 de marzo, el desastre, la perspectiva de que regrese a América, el silencio de ella, el miedo a perderla… Y una revelación: “No nos matamos por el amor de una mujer. Nos matamos porque un amor, cualquier amor, nos revela en nuestra desnudez, miseria, indefensión, nada.” Seguirán días de poca comunicación (sí, a la mujer que le acababa de entregar el corazón no le urgía mantener una comunicación continuada).
El 20 de abril Constance regresó a EEUU. Varias personas le advierten de que son demasiado diferentes, de que no funcionará, pero Pavese se obceca. Tal vez tuviera una conversación con ella en que Constance le preguntase por lo que quería. Su respuesta debió de ser la del diario: “Te quiero a ti, para toda la vida.” Pavese estaba enamorado hasta las cachas. Por testimonios que he leído, Constance no fue consciente del amor apasionado de Pavese hasta muchos años después. Para ella todo no había sido más que una aventurilla.
Para comienzos de mayo Pavese finalmente reconoce que la ha perdido. El 10 de mayo anota: “Veo claro, poco a poco, que si vuelve será como si no estuviese. «I will never forget you», que es lo que se le dice a quien se tiene la intención de dejar.”
Constance inspiró dos obras literarias de Pavese. La más conocida es el poema “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, que es un poema existencialista y deprimente que escribió el 10 de abril. Su arranque dice:
“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio…”
También esa primavera y verano, Pavese escribió el guión “Amor amargo”. He leído que lo escribió a petición de Constance. Pero yo creo más bien que la iniciativa vino de Pavese y que se trató de un intento inútil de acercarse a Constance y de atraer su atención (“¡Eh mira, también me interesa el cine y soy capaz de escribir guiones muy bonitos, guiones para películas en las que tú podrías actuar”).
La razón por la que no creo que Constance le pidiera ese guión, es que se trata de un guión sombrío, en el que Pavese saca a pasear todos sus fantasmas, sobre todo el de su reciente relación/no-relación con Constance. El guión habla de un hombre que se enamora intensamente de una mujer independiente y distante. La relación está llena de silencios y malentendidos. Ella nunca se entrega del todo, mientras que él cada vez se vuelve más dependiente de ese amor. La historia termina con una sensación de vacío y de fracaso.
El 22 de junio viaja a Roma para recibir el premio Strega, un premio que le consagra como uno de los principales escritores italianos. Le alegra viajar a Roma, pero se pregunta por cuántos viajes más de este tipo le quedan, una pregunta curiosa para un hombre que sólo tenía 42 años. Su actitud ante el premio parece ambivalente. Es consciente de su importancia, pero no parece que le ilusione especialmente.
Varios días después del regreso de Roma escribe: “… En Roma apoteosis. ¿Y qué?// Ya estamos. Todo se derrumba. La última dulzura la he tenido de Doris (Doris era la hermana de Constance), no de ella.” Sigue con unos versos en inglés del poema “Último blues para leerlo un día”, que definen su estado de ánimo:
“All is the same.
Time is gone by.
Some day you came,
Some day you’ll die.
Someone has died,
long time ago.”
Literatura