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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Todos los ultranacionalismos se parecen

Emilio de Miguel Calabia el

Los ultranacionalismos son como las tenias: no hay manera de distinguirlas. Generalmente creemos que el ultranacionalismo es algo europeo y no nos damos cuenta de que la tontería es algo universal. Somos humanos, ergo somos tontos. Estas reflexiones me han venido a cuenta del libro “The Rakhaing” de Maung Tha Hla.

Una pequeña introducción: los rajáing son una etnia tibeto-birmana, de religión budista theravada, que es mayoritaria en el estado birmano de Rajáing. Los rajáing fueron los fundadores del reino de Arakán, que en el siglo XVII y comienzos del XVIII fue una potencia naval y comercial importante en el Golfo de Bengala. Diversas disensiones internas lo debilitaron en la segunda mitad del siglo XVIII, dejando que cayera como fruta madura en manos de la dinastía birmana de los Konbaung en 1784. Posteriormente, al término de la Primera Guerra Anglo-Birmana en 1826, Arakán pasó a dominio británico.

La II Guerra Mundial en muchas partes de Birmania se convertiría en una guerra civil interétnica. Uno de los sitios donde ocurrió eso fue Rajáing. Los musulmanes del estado, que eran mayoritarios en dos distritos del noroeste, lucharon en favor de los británicos, mientras que los rajáing eran pro-japoneses. Ambos bandos cometieron masacres; es lo que suele ocurrir en las guerras civiles: no hay bando bueno. Las masacres quedaron marcadas a fuego en la memoria de los rajáing y así hasta nuestros días.

Hecha esta presentación sobre los rajáing, comentaré aquellos aspectos en los que el libro se da la mano con todos los ultranacionalistas que en el mundo son. Compré el libro, pensando que me encontraría con una descripción de la Historia y la cultura de Rajáing y lo que me encontré fue con el manual del ultranacionalista impenitente. Pasada la sorpresa, me distraje en ver todos aquellos rasgos del libro que podrían aparecer en un libro ultranacionalista de otras latitudes. Son muchos, tantos que casi no sé por dónde empezar.

El primer rasgo sería la importancia que da a las cuestiones lingüísticas. Parecería que los idiomas más que para comunicarnos, sirvieran para dividirnos. El autor señala que birmanos y rajáing hablaban una lengua común hasta que se separaron, mientras que los birmanos incorporaron palabras de otros idiomas, “el dialecto rajáing permaneció inalterado debido a su aislamiento geográfico.” Aquí habla el ultranacionalista claramente y no el lingüista. Para empezar, no hay idiomas que no cambien. Lo harán a un ritmo mayor o menor, pero incluso en aislamiento, los idiomas cambian. Por otra parte, los préstamos de otros idiomas es algo que ha ocurrido históricamente en casi todas las lenguas. No acabo de ver qué tipo de superioridad confiere el no haber adoptado palabras de otros idiomas.

Otra muestra de la superioridad del idioma rajáing sobre el birmano es que el primero se escribe como se pronuncia, lo que no ocurre con el segundo. Que se escriba como se pronuncia, es muy cómodo para no hacer faltas de ortografía, pero deducir de allí que una lengua sea superior a la otra… Si la ortografía francesa es una pesadilla, cuyo mejor ejemplo es la palabra “foie” que se pronuncia con las dos vocales que no lleva escritas, “fuá”, eso no la hace mejor ni peor que el español donde hay bastante correspondencia entre lo escrito y lo hablado. Que suceda esto, no implica que los franceses sean más tontos, más enrevesados o más irracionales. Ellos fijaron su norma ortográfica cien años antes que los españoles y tuvieron la mala suerte de que después de haberla fijado, se produjeran una serie fonéticos que dieron al traste con una ortografía que en origen había respondido a cómo se hablaba.

Y del idioma pasamos a la Historia que es otro tema muy querido de los ultranacionalistas. Cuando yo era pequeño e inocente, creía que lo pasado era inmutable. Había un proverbio que oí una vez que decía que ni todas las lágrimas del universo podrían borrar una línea que ya había sido escrita. Esto no se aplica a los ultranacionalistas.

Maung Tha Hla arranca la Historia de los rajáing de la fundación de la ciudad de Dhinyawaddy y de su primer rey, Mara Yu, que subió al Trono en el 2666 a.C. Hete aquí que los rajáing son contemporáneos de los egipcios y los sumerios. Ignoro de dónde habrá sacado la información, porque es la primera vez que leo algo tan notable como que existía una cultura urbana en el Sudeste Asiático hace más de 4.000 años. Hasta que leí a este hombre, yo creía que la historia urbana de Birmania empezaba en el 200 a.C. con los pyu.

Lo mismo es que Maung Tha Hla tiene algún problema con la cronología. Según cuenta, en 994 el rey Anawrattha de Pagán invadió Arakan. Se trataría del primer rey que hace una conquista 20 años antes de haber nacido. Anawratha nació en 1014 y ascendió al Trono en 1044.

Más adelante, narra el período de gloria de Arakan en los siglos XVI y XVII. “Las proezas militares rajáing fueron fructíferas, fortaleciendo la preeminencia nacional.” En esos años los rajáing conquistaron el este del actual Bangladesh e hicieron varios raids en Birmania de los que trajeron “trofeos de gran precio y rareza”. Mientras que las gestas militares rajáing eran pruebas de valor militar y les permitían hacerse con trofeos valiosos, cuando en 1784 los birmanos conquistaron Rajáing, lo devastaron y causaron indecibles sufrimientos a la población. Se ve que no habían leído el manual del buen conquistador que escribió Mong Raza Gree, el rey rajáing que se trajo los souvenirs de Birmania en 1599.

Paro este apartado. Me gusta mucho la Historia y me duele cuando se tergiversa. Una cosa es la interpretación de los hechos y otra cosa es la falsificación de esos mismos hechos.

Otro tema que aparece en el libro es el de la pureza, algo que suele ser una constante en los ultranacionalismos. Ya hemos visto cómo el lenguaje rajáing se mantuvo impoluto y no aceptó préstamos de otros idiomas. También han abrazado el budismo theravada, “la forma más antigua y pura [de budismo].” El autor hace derivar el término “rajáing” del pali “rakkhetta”, que denotaría a gente caracterizada “por preservar la homogeneidad y protegerse del exotismo y la exogamia.” La obsesión por la pureza de Maungh Tha Hla es tanta que hasta la endogamia se convierte en virtud: “En ninguna parte de la Unión de Birmania está la práctica de la endogamia tan arraigada como en la tierra de Rajáing, que engendra a un pueblo que es único en cuanto que se coagula en una comunidad homogénea.” También los Habsburgos españoles tenían en gran estima la endogamia.

Todo ultranacionalista que se precie necesita de un enemigo externo. Según Maung Tha Hla los rajáing son afortunados, porque no tienen un solo enemigo externo, sino que tienen dos. El primero son obviamente los birmanos. El segundo, en lo máximo de la escala del odio, son los musulmanes. Para que no quede duda, en un libro de solo 204 páginas, hay un capítulo titulado “Los inmigrantes ilegales musulmanes y la política islámica” y otro titulado “¿Es el Islam una amenaza para la cultura budista?” No creo que sea ninguna sorpresa saber que la respuesta a esta pregunta es afirmativa.

Llegados a este punto, el libro se me cayó de las manos. Los ultranacionalistas se parecen, entre otras cosas, en que todos son muy aburridos.

 

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